Radio Ciudad Habana reproduce el discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en el acto de Homenaje Póstumo a los 32 combatientes caídos en combate en Venezuela, en la Tribuna Antimperialista José Martí, el 16 de enero de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”.
(Versiones Taquigráficas - Presidencia de la República)
¡Honor y Gloria a nuestros héroes caídos en combate!
(Exclamaciones de: «¡Honor y Gloria!»)
Familiares;
Compañeros de armas y amigos de nuestros combatientes;
Compatriotas:
El 3 de enero de 2026, en la hora más oscura de la
madrugada, mientras su noble pueblo dormía, Venezuela fue arteramente atacada
por orden del presidente estadounidense Donald Trump.
Se confirmaba una vez más, ahora en su patria de
nacimiento, la visionaria sentencia de Bolívar en cuanto a que «los Estados
Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en
nombre de la libertad», y la advertencia de Ernesto Che Guevara de que «en el
imperialismo no se puede confiar, ni tantico así, nada».
Bombas y secuestro fueron la respuesta de Estados Unidos a
las declaraciones del Presidente venezolano, que horas antes se había mostrado
dispuesto a dialogar sobre cualquier asunto.
Aquella fue una madrugada difícil para Cuba, al recibirse las primeras noticias del alevoso ataque contra varios estados del hermano país donde cumplen misiones cientos de colaboradores cubanos.
Transcurrieron horas muy amargas entre la indignación y la
impotencia, después de conocer que habían sido secuestrados el presidente Nicolás
Maduro Moros y su esposa Cilia Flores.
Quienes tenemos a los bravos combatientes de la Seguridad
Personal como parte de nuestra familia y conocemos su espartana disposición a
defender las vidas bajo su custodia, sabíamos, antes de confirmarlo, que se
comportarían como titanes hasta en su última batalla (Aplausos).
«Solo sobre mi cadáver podrán llevarse o asesinar al Presidente», había declarado más de una vez el Primer Coronel Humberto Alfonso Roca, jefe del pequeño grupo de cubanos que esa madrugaba protegieron a la pareja presidencial al precio de sus propias vidas (Aplausos).
Ellos, junto a los combatientes de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias que también cayeron bajo el bombardeo de los atacantes, resumen
en sus admirables hojas de servicio todas las cualidades que distinguen a los héroes,
¡a los héroes cubanos! (Aplausos.)
Así traspasaron las fronteras nacionales para insertarse
como paradigmas de la historia de luchas por una América unida, sueño todavía
irrealizado de Bolívar y Martí.
Los sagrados restos de nuestros 32 compatriotas llegaron
ayer a la patria, como soldados eternos de la integración que nos debemos.
Ellos son la única medida posible del valor y el carácter de los cubanos,
leales a una hermandad forjada desde los tiempos de Bolívar, exaltada por Martí
y que ya es legendaria por la entrañable relación de Fidel y Chávez, líderes de
la integración regional, que en pocos años alfabetizó, devolvió la visión y
llevó los servicios médicos y de superación a millones de venezolanos y a otros
habitantes de nuestra América Latina y el Caribe (Aplausos).
Los promotores del ataque y el secuestro del presidente
Maduro y su esposa, apelando a los más abominables métodos del fascismo,
tejieron una espesa nube de mentiras y difamación contra los líderes
bolivarianos antes de lanzarse cobardemente sobre Venezuela.
Desconociendo abiertamente los límites del Derecho
Internacional, que hasta ese día garantizaban una mínima convivencia civilizada
entre las naciones, la actual administración norteamericana abrió la puerta a
una era de barbarie, despojo y neofascismo, sin importar todo lo que ello pueda
significar en más guerra, destrucción y muerte.
Las noticias de la agresión nos golpearon duro. Por más de
25 años Cuba y Venezuela han compartido ideales y obras en favor de un mundo
mejor posible, dispuestos a conquistar toda la justicia, por los caminos del
socialismo, pero cada país con métodos propios y realidades diferentes.
Solo quienes desconocen el valor de la amistad, la solidaridad y la cooperación que se forjan entre los pueblos pueden confundir la relación entre cubanos y venezolanos como un mero negocio o como un vulgar intercambio de productos y servicios.
¡Ante todo, cubanos y venezolanos somos hermanos! (Aplausos.)
Dar nuestra propia sangre y hasta la vida por un pueblo
hermano puede extrañar a otros, no a los cubanos.
Funcionarios estadounidenses han reconocido con asombro,
pero también con inocultable admiración, la bravura de este puñado de hombres
que, con marcada desventaja de fuerzas y capacidad de fuego, ofreció fiera
resistencia a los secuestradores, lesionando incluso a varios de sus efectivos
e inutilizando, hasta donde sabemos hoy, parcialmente uno de sus medios de
transporte.
Por más que insistan en exaltar a sus soldados camuflados
con cascos y chalecos antibalas, gafas de visión nocturna, sobreprotegidos por
aviones, helicópteros y colmenas de drones, en medio de apagones intencionales,
el asalto de los terroristas Delta no fue el paseo que le han vendido al mundo.
Un día sabremos toda la verdad, pero ni Trump ha podido
negar que varios atacantes resultaron heridos.
Nuestros bravos combatientes, con armas convencionales y sin más chalecos que su moral y su lealtad al compromiso con la misión que cumplían, ¡pelearon hasta morir y golpearon a sus adversarios! (Aplausos.)
Ninguno era un superhombre; eran militares de honor,
formados en la escuela ética de Fidel y Raúl, en el patriotismo, el
antimperialismo y la unidad; herederos del ideario de Antonio Maceo, que
inmortalizó a Baraguá con su viril negativa a negociar una paz sin libertad, y
de Juan Almeida, quien gritó bajo una lluvia de balas, en medio de un cañaveral
remoto: «¡Aquí no se rinde nadie!» (Aplausos.)
El actual emperador de la Casa Blanca y su infame
Secretario de Estado no han parado de amenazarnos. «No creo que se pueda
ejercer mucha más presión», ha dicho Trump en un tácito reconocimiento de los
niveles extremos a los que ha escalado el bloqueo impuesto a Cuba por más de
seis décadas.
«Entrar y destruir el lugar» es lo que, según su imperial
concepción, les queda para someternos. La grotesca frase, que ha despertado
profunda indignación en el pueblo cubano, solo puede interpretarse como una
incitación a la masacre sin miramientos de un país que jamás ha promovido el
odio hacia otro.
El patriotismo cubano lo expresó muy tempranamente Martí en
Abdala: «El amor, madre, a la patria / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni
a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la
oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca» (Aplausos).
El pueblo de Cuba no es antimperialista por manual. El
imperialismo nos hizo antimperialistas. Pero no solo Cuba, el mundo será cada
vez más antimperialista a partir de este asalto a todas las normas
internacionales, de esta ofensa a la inteligencia y a la dignidad humana, de
ese acto de prepotencia criminal con el que un Estado soberano es atacado por
un imperio que desprecia al resto de las naciones.
Todas las victorias del pueblo cubano están asociadas a la
solidez de la unidad. Cada vez que se dividieron las fuerzas patrióticas,
perdimos. Cada vez que se unieron, vencimos. Eso lo saben bien los enemigos de
la nación y por eso apuestan a romper esa unidad.
Sus amenazas de ahora nos recuerdan las de casi todas las
administraciones norteamericanas, controladas por los llamados Halcones,
partidarios de la guerra. ¿Sabrán los halcones actuales que la revolucionaria
estrategia de defensa, conocida como Guerra de todo el Pueblo, nació en
respuesta a las peores amenazas de otros halcones? ¿Conocerán cuánto
invirtieron sus predecesores guerreristas en la «era pos-Castro», después de
fracasar en todos los intentos de destruir un liderazgo indestructible?
En los últimos días los jóvenes han viralizado en las redes
la anécdota de la picúa, vivida y narrada por Fidel. Cuenta que, nadando por
debajo del agua, vio venir una picúa hacia él y su primera reacción fue
retroceder; pero enseguida lo pensó mejor y se lanzó hacia el agresivo pez que
desapareció de su vista. Así hay que actuar frente al imperio, que es picúa,
piraña, tiburón y alimaña (Aplausos). Pero insisto y reitero un dato: son jóvenes
cubanos quienes viralizaron ese video en las redes.
Aquí estamos, no uno, sino millones de continuadores de la
obra de Fidel, de Raúl y de su heroica generación. Tendrían que secuestrar a
millones o desaparecernos del mapa y aun así los perseguiría por siempre el
fantasma de este pequeño archipiélago que tuvieron que pulverizar por no poder
someterlo (Aplausos).
¡No, señores imperialistas, no les tenemos absolutamente
ningún miedo! Y no nos gusta, como dijo Fidel, que nos amenacen. ¡No van a
intimidarnos! (Aplausos.)
Como los junquillos anudados en el centro del escudo, la
unidad es el arma más poderosa de nuestra Revolución.
Queridos compatriotas:
Varios compañeros que llegaron a estar en la primera línea
de fuego ya están en la patria, con sus cuerpos llenos de esquirlas de
metrallas como medallas al valor. Uno de ellos, el Teniente Coronel Jorge Márquez,
fue quien impactó a un helicóptero y quién sabe a cuántos de sus tripulantes.
Lo hizo disparando su arma antiaérea, a pesar de estar herido y sangrando
abundantemente en una pierna (Aplausos).
Coraje es la palabra con la que todos describen el enfrentamiento a los agresores. Y nombran al Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez Rodríguez, quien encabezó el intento de rescate de los primeros caídos, hasta que uno de los drones enemigos lo alcanzó: «Me hirieron. ¡Viva Cuba!» Fueron sus últimas palabras (Aplausos).
Cuando parece que el mundo entierra hasta su última utopía,
que el dinero y la tecnología están por encima de todos los sueños humanos, que
la humanidad se cansa, ¡justo en ese instante, 32 valientes cubanos ofrecen sus
vidas y se agigantan, en una fiera batalla hasta la última bala!, ¡hasta el último
aliento! (Exclamaciones de: «¡Gloria!») ¡No
existen enemigos capaces de amedrentar tamaño heroísmo!
La prometedora juventud de la mayor parte de los caídos en
combate nos trae a la memoria los versos de Martí a los ocho estudiantes de
Medicina asesinados por la metrópoli española en 1871: «Cadáveres amados los
que un día / Ensueños fuisteis de la patria mía». Todo lo que sabemos de sus
historias personales, del amor y la bravura que distinguían sus acciones, del
compromiso, la consagración y la entrega con que salieron al combate, hace más
punzante el dolor; un dolor que no merma, sino que enaltece aún más el
patriotismo y la generosidad de los cubanos (Aplausos y Exclamaciones de: «¡Vivan!») Hoy tiene 32 nuevos rostros, 32 nuevas
historias la insuperable definición martiana de que «Patria es humanidad».
Ellos no solo defendieron la soberanía de Venezuela, al
Presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores; defendieron la dignidad
humana, la paz, el honor de Cuba y de nuestra América. Fueron la espada y el
escudo de nuestros pueblos frente al avance del fascismo. ¡Y serán para siempre un símbolo, una prueba
de que no hay pueblo pequeño cuando su dignidad es tan firme! (Aplausos.)
¡Gracias por el coraje y el ejemplo, compañeros!
(Aplausos.)
Abrazamos hoy a sus seres queridos, madres, padres,
esposas, hijos, nietos, hermanos, abuelos, a sus compañeros de armas y a sus
amigos. El dolor no se comparte, decía el Comandante en Jefe en la despedida de
duelo a los mártires de Barbados. «El dolor se multiplica. (...) ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril
llora, la injusticia tiembla!» (Aplausos
y Exclamaciones de: «¡La injusticia tiembla!»)
Cantaba Silvio entonces: «Que tiemble la injusticia cuando llora el
aguerrido pueblo de Fidel».
¡Cuba no amenaza ni desafía! ¡Cuba es tierra de Paz! Fue aquí en La Habana, y por iniciativa
cubana, que hace 12 años, durante la II Cumbre de la CELAC, se proclamó a América
Latina y el Caribe como Zona de Paz, una conquista brutalmente lacerada por el
zarpazo fascista en Venezuela.
Esa vocación de paz no menoscaba en absoluto la disposición
para el combate en defensa de la soberanía e integridad territorial. Si llegáramos
a ser agredidos, pelearíamos con fiereza idéntica a la que nos legaron varias
generaciones de bravos combatientes cubanos desde las guerras por la
independencia en el siglo XIX, la Sierra Maestra, la clandestinidad y África en
el siglo XX, hasta Caracas en este siglo XXI. No hay rendición ni claudicación
posibles, como tampoco ningún tipo de entendimiento sobre la base de la coerción
o la intimidación.
Cuba no tiene que hacer ninguna concesión política, ni eso
jamás estará en una mesa de negociaciones para un entendimiento entre Cuba y
Estados Unidos. Es importante que lo entiendan: siempre estaremos dispuestos al
diálogo y al mejoramiento de las relaciones entre los dos países, pero en
igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo. Así ha sido por más
de seis décadas. ¡La historia ahora no será diferente!
Al imperio que nos amenaza le decimos: ¡Cuba somos
millones! Somos un pueblo dispuesto a
combatir, si nos agreden, con la misma unidad y fiereza de los 32 cubanos caídos
el 3 de enero.
Compatriotas:
¡Marchemos unidos! Y ante la memoria de su heroico ejemplo,
juremos:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Exclamaciones de: «¡Venceremos!»)
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Exclamaciones de: «¡Venceremos!»)
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Exclamaciones de: «¡Venceremos!»)
¡Hasta la victoria siempre!
(Exclamaciones de: «¡Siempre!)
(Exclamaciones de: «¡Hasta la victoria siempre!, y ¡Viva la
Revolución!»)
(Ovación.)
(Autor: Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República)
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/01/cuba-con-honor-y-gloria-rinde-tributo.html
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