En la calle Estrella, entre San Nicolás y Manrique en Centro Habana, hay una bodega, varias cafeterías, un agromercado y un tránsito constante de personas. A esto se suma la alta densidad poblacional. El resultado es un problema crónico: calles obstruidas por desechos y un riesgo continuo para la salud pública.
Frente a esta realidad, surge una respuesta innovadora: el
proyecto de desarrollo local (PDL) El Batazo. Con financiamiento del Fondo
Nacional de Medio Ambiente y la asesoría del Ministerio de Ciencia, Tecnología
y Medio Ambiente (Citma), esta iniciativa lleva casi un año librando una
batalla transformadora en el consejo popular Los Sitios.
La intervención se sustenta en un modelo estructurado,
aplicado inicialmente en un perímetro de cuatro manzanas. Su estrategia combina
tres acciones fundamentales: recogida programada de desechos, barrido de las
calles y un punto de compra de materiales reciclables.
El proceso sigue una secuencia lógica. “Lo primero es que
las familias separan en la fuente”, explica Lenin Abreu Molina, líder del
proyecto. “Nosotros facilitamos recipientes. Se enfocan en aislar los orgánicos,
que principalmente se destinan a alimento animal, del resto de los residuos”.
Tras esta separación inicial, se ejecutan dos recorridos
diarios para la recolección de la basura convencional.
Con esta actividad, el proyecto cierra un ciclo productivo:
la recolección de materia prima (cartón, plástico, metal, vidrio) para su
posterior comercialización. Esta cadena configura un incipiente, pero
funcional, esbozo de economía circular en acción.
Lenin Abreu Molina dirigió el primer estudio de composición
de residuos del área, proporcionando información clave para la toma de
decisiones. El modelo no solo mitiga el problema ambiental, sino que genera
empleo para personas previamente desocupadas, cerrando un ciclo social y económico
básico.
Lenin es un “recuperador nato”, pero con una cualidad
distintiva: un conocimiento profundo y callejero de su territorio, como lo
define la Dra. C. Silvia Miriam Pell del Río, profesora titular y jefa de la
comisión nacional de ciclo corto Gestión Integral de Residuos.
Uno de los pilares más elogiados de El Batazo es su
incidencia social. "Contratamos a personas sin empleo formal para ocuparse
de la basura", destaca Lenin. Jóvenes que antes dormían en portales, en
parques, ahora tienen un uniforme, un plato de comida caliente, un lugar donde
lavar su ropa.
Lenin les provee todo. Incluso, los miércoles y sábados les
da un caldo. O un refresco. O un café. “Es un incentivo”. Pero el incentivo
mayor es otro: saberse necesarios. Verse con un lugar.
A pesar del reconocimiento oficial y de haber sido
priorizado por las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en la
provincia, El Batazo choca con obstáculos materiales y burocráticos.
Hubo una orden, explica. Se le asignaron dos camiones para
optimizar la recolección. Él fue a buscarlos con el documento en la mano, pero
se topó con una negativa rotunda. Le mostraron un camión sin motor. Otro sin
luces. “No”, le dijeron. “Esto no se puede dar”, comenta con frustración.
Ahora busca alternativas con otros organismos como Viales,
pero el apoyo prometido y necesario para escalar el modelo sigue pendiente
Esto refleja uno de los mayores desafíos: la descoordinación
institucional. Aunque el proyecto cuenta con el aval del Citma y el
financiamiento del Fondo Ambiental, la articulación con los actores claves de
la recolección y servicios municipales es una tarea compleja.
Lenin es un hombre que sabe, por instinto y por
experiencia, qué se tira en este barrio, cuánto, y qué se puede hacer con ello.
Este conocimiento fue decisivo para el hito científico del proyecto: el primer
estudio de generación y composición de residuos sólidos domiciliarios en la
zona.
El estudio fue cosa de ocho días. Ocho días de recorrer
viviendas específicas, las que Lenin sabía que eran claves. Pesaron, clasificaron,
anotaron. Cuánto genera una familia. De qué está compuesto lo que tira.
Lenin y su equipo recogen puerta a puerta, creando un vínculo
directo con la comunidad. “Las expresiones son ‘por ser tú, yo participo’, eso
es importante”, señala Pérez del Río. Este liderazgo ha logrado lo esencial: la
participación activa de los vecinos.
Los resultados del estudio fueron tan reveladores que ahora
se replicará en tres municipios más. De Los Sitios salió un modelo. De la
calle, de la observación diaria, salió un dato duro para la toma de decisiones
del país.
La Dra. C. Silvia Miriam Pell del Río, que acompañó el
proceso, lo dice así: “Lo rico de este estudio es que sugirió a la ciencia cuáles
eran las casas… por el conocimiento que tiene del área”. Lenin, el recuperador,
le mostró el camino al académico.
En el local, el ciclo no se detiene. Un hombre llega con un
saco de botellas plásticas. Una mujer empuja un carrito con periódicos viejos.
Lenin pesa, paga, anota. Lo que se recoge no se queda. El cartón viaja a
Materia Prima. El vidrio, a la fábrica Bucanero. El plástico triturado, a los “plastiqueros”
privados. Pronto, los escombros y el vidrio molido se convertirán, en alianza
con Viales y una mipyme en asfalto frío para parchar las calles del propio
barrio.
“Tiene un ciclo bastante cerrado. No llegamos a la economía
circular, pero sí a la gestión más integral”, apunta Silvia Pell.
En Cuba, donde la pertinencia de elevar la conciencia
ambiental y la necesidad de eficiencia económica se entrelazan, surgen
preguntas cruciales: ¿quién debe costear el servicio de recogida?, ¿es
sostenible que sea gratuito para todos?
Un debate que gana fuerza propone que los actores económicos
(entidades estatales, cooperativas, trabajadores por cuenta propia y micro,
pequeñas y medianas empresas) paguen por este servicio, manteniéndolo gratuito
o subsidiado para el ciudadano común.
Mientras esta discusión avanza, en Centro Habana El Batazo
está escribiendo su propia respuesta sobre el terreno, combinando limpieza,
reciclaje y generación de empleo.
El Batazo no ha resuelto por completo el problema de la
basura en Los Sitios. Los microvertederos espontáneos aún aparecen. El servicio
de recogida estatal sigue siendo insuficiente. Pero ha demostrado algo más
importante: que hay caminos alternativos.
Son caminos camino que empiezan por el conocimiento y el
compromiso de la comunidad, que ve en los residuos no solo un problema, sino
una oportunidad de empleo, reintegración y desarrollo local. Caminos que
requieren, urgentemente, que las instituciones acompañen con coherencia y
agilidad el esfuerzo titánico que se hace desde abajo.
La batalla contra la basura en Centro Habana es una batalla
por la limpieza del espacio público, la salud comunitaria y la sostenibilidad.
El Batazo es un ejemplo de que, a veces, la solución está en la voluntad de
quienes han decidido limpiar, con sus propias manos, el lugar donde viven.
* Este trabajo constituye un estudio de caso cualitativo
fundamental dentro de una investigación más amplia sobre la gestión de residuos
sólidos urbanos en contextos de alta densidad poblacional y recursos limitados en
la ciudad.
Este trabajo de investigación busca comprender no solo la
dimensión técnica del problema de la basura, sino también sus dinámicas
sociales, económicas e institucionales.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/01/la-habana-oferta-de-empleo-como-gestor.html
(Con información de Cubadebate)
JCDT – SST
