Un hombre en uniforme verde olivo, con barba frondosa y una mirada transparente. La silueta podría confundirse con la de los muchos guerrilleros de la Sierra, pero no, hoy, esa descripción amerita que se agregue un sombrero alón –que según cuentan, «tomó prestado» de un campesino de esas lomas porque «le lucía más al capitán»–, y que se mencionen las flores al mar.
Fue tanto el hombre común, como el héroe, «una figura
legendaria» a decir de Vilma Espín, quien también mencionó: «Si nosotros inventáramos
un nombre para un personaje de leyenda le podríamos poner el nombre de Camilo
Cienfuegos».
La barriada de Lawton, en La Habana, el 6 de febrero de
1932, vio nacer al muchacho que con 17 años ingresó a la Academia Nacional de
Bellas Artes; al hombre que dio el paso al frente contra Batista en el año
1952, y que desde la Universidad escribió Identificación Moral –artículo contra
el dictador–. Aquel joven, tras pasar por el exilio, encontró su camino en la
lucha guerrillera.
Si se busca un resumen de su vida, diría que Camilo
Cienfuegos fue Comandante del Ejército Rebelde, expedicionario del Granma, «Héroe
de Yaguajay», compañero inseparable del Che, sastre de oficio, hombre humilde
de carácter jovial y sonrisa sincera, y uno de los dirigentes más carismáticos
de la Revolución Cubana.
Pero ese hombre del sombrero alón fue más que eso. Fue
quien adoró a los animales y le puso Fulgencio a un perrito que se apareció en
su casa, al poco tiempo del golpe de Estado.
Fue el jefe que, en aquel lejano diciembre de 1957, organizó
una velada con los hombres de su pelotón, en la que había desde una orquesta
llamada Cuba Libre hasta uno de los combatientes improvisando puntos guajiros.
Todo para ahuyentar la nostalgia de tener a los familiares lejos.
Fue el mismo que en plena invasión se sentó a coser los
uniformes de los guerrilleros en la máquina de una campesina y le dijo: «¿no
sabe que fui sastre?». Y el que, herido en Pino del Agua, se levantó entre los
tiros para exigir a sus hombres que se retiraran y salvaran a un compañero
herido.
Camilo era el guerrillero que siempre «tenía una reservita»
de comida o café que compartir con sus compañeros. Y ese que durante un
discurso del Comandante en Jefe cortó una llamada telefónica alegando que «cuando
Fidel está hablando, lo único que debe hacer un revolucionario es oírlo».
Camilo Cienfuegos es un nombre «lleno de fuerza y de poesía»,
como dijo Vilma, y «el más brillante guerrillero», sentenció el Che Guevara.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/02/cuba-comparecencia-de-diaz-canel-ante.html
(Con información de la estudiante de periodismo María F.
González – Granma)
JCDT – SST
