Se calcula que unos 200 mil habaneros sufren algún tipo de afectación en el suministro de agua (desabastecimientos, fallas continuas, alargamiento de ciclos…): un perjuicio, tal vez no tan alarmante en términos absolutamente numéricos, de tener en cuenta que representa solo el 11% del total de los residentes capitalinos; pero sí muy complejo y estresante, en cuanto a impacto negativo directo, en todas las actividades relacionadas con la vida cotidiana, y dada la imposibilidad de echar mano a alguna otra variante que pueda servir de sustituto alternativo.
Estamos frente a un recurso que no admite variantes, o es agua o no es nada. Si bien es verdad que, en otros momentos, el número de afectados ha sido mayor, ahora, el alargamiento desproporcionado en los ciclos de entrega (en algunos lugares, como Aldabó, casi un mes) hace que las carencias se sientan con muchísimo más rigor.
En conferencia de prensa, el ingeniero Yosvany Rubi Bazail, director general de Aguas de La Habana, y Abel Fernández Díaz, director de Acueducto de la propia entidad, informaron que las afectaciones prácticamente abarcan a todas las localidades habaneras, salvo Plaza, Marianao y Centro Habana, excepciones no tan excepcionales, pues en zonas puntuales de estos territorios existe cierto nivel de inestabilidad.
Ambos directivos abordaron la situación particular de cada uno de los municipios habaneros, con especial énfasis en aquellos con mayor estado de deterioro en el servicio, provocado fundamentalmente por deficiencias o colapso de los equipos de bombeo y fallas eléctricas, en ese mismo orden con cuotas del 40 y 39 por ciento, y un 10% para otras razones, entre las que figuran roturas en conductoras y los salideros causantes de bajas presiones.
Al abordar en el tema de las perspectivas, ambos directivos dejaron bien claro que, en las actuales condiciones, los avances o retrocesos dependerán en mayor medida del comportamiento del suministro de energía eléctrica en los lugares donde se encuentran las fuentes de abasto (aunque en otras provincias, protegidas en cuanto a los cortes), y los impulsores, que están ubicados dentro de la ciudad, pero no siempre en circuitos, que por determinadas razones de peso son favorecidos.
Asimismo, hicieron referencia al programa de instalación de nuevas bombas, hasta donde permitan las posibilidades, de las cuales algunas ya están montadas, en otras se trabaja y hay número en planificación (Pogolotti, La Güinera, Cotorro, San Francisco, Tarará…), y la reparación y rescate de otras (por ejemplo, la de La Fortuna).
La batalla por frenar el deterioro y ganar terreno en cuanto a alcance y estabilidad también comprende el estreno de equipos electrógenos, en fuentes e impulsoras, y el rescate e instalación en otros casos, así como la redistribución hacia lugares donde el nivel de afectaciones más lo justifiquen.
Estamos frente a un recurso que no admite variantes, o es agua o no es nada. Si bien es verdad que, en otros momentos, el número de afectados ha sido mayor, ahora, el alargamiento desproporcionado en los ciclos de entrega (en algunos lugares, como Aldabó, casi un mes) hace que las carencias se sientan con muchísimo más rigor.
En conferencia de prensa, el ingeniero Yosvany Rubi Bazail, director general de Aguas de La Habana, y Abel Fernández Díaz, director de Acueducto de la propia entidad, informaron que las afectaciones prácticamente abarcan a todas las localidades habaneras, salvo Plaza, Marianao y Centro Habana, excepciones no tan excepcionales, pues en zonas puntuales de estos territorios existe cierto nivel de inestabilidad.
Ambos directivos abordaron la situación particular de cada uno de los municipios habaneros, con especial énfasis en aquellos con mayor estado de deterioro en el servicio, provocado fundamentalmente por deficiencias o colapso de los equipos de bombeo y fallas eléctricas, en ese mismo orden con cuotas del 40 y 39 por ciento, y un 10% para otras razones, entre las que figuran roturas en conductoras y los salideros causantes de bajas presiones.
Al abordar en el tema de las perspectivas, ambos directivos dejaron bien claro que, en las actuales condiciones, los avances o retrocesos dependerán en mayor medida del comportamiento del suministro de energía eléctrica en los lugares donde se encuentran las fuentes de abasto (aunque en otras provincias, protegidas en cuanto a los cortes), y los impulsores, que están ubicados dentro de la ciudad, pero no siempre en circuitos, que por determinadas razones de peso son favorecidos.
Asimismo, hicieron referencia al programa de instalación de nuevas bombas, hasta donde permitan las posibilidades, de las cuales algunas ya están montadas, en otras se trabaja y hay número en planificación (Pogolotti, La Güinera, Cotorro, San Francisco, Tarará…), y la reparación y rescate de otras (por ejemplo, la de La Fortuna).
La batalla por frenar el deterioro y ganar terreno en cuanto a alcance y estabilidad también comprende el estreno de equipos electrógenos, en fuentes e impulsoras, y el rescate e instalación en otros casos, así como la redistribución hacia lugares donde el nivel de afectaciones más lo justifiquen.
(Con información de Tribuna de La Habana)
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