El pintor y caricaturista Eduardo Abela sigue emocionando

Eduardo Avela. Foto: tomada de tvartemisa.icrt.cu
“Un cuadro no puede ser más que una emoción, definía el propio pintor y caricaturista Eduardo Abela

Y hoy, exactamente a 60 años de su muerte, Eduardo Abela Villareal (San Antonio de los Baños, 3 de julio de 1891 - 9 de noviembre de 1965, La Habana) sigue emocionando con su vasta y versátil obra, que lo identificó como representante de lo que en Cuba llamaron la nueva pintura o pintura moderna. 

Guajiros, 1938  (detalle). Imagen tomada de bellasartes.co.cu
Tanta y tan singular era la cubanía emanada de sus pinturas y dibujos, que de su obra Carpentier  aseguró: “El criollismo de Abela es criollismo en profundidad. Nada más alejado de sus finalidades que los anhelos del realismo. Abela no se dispone a dejar estampas para ilustrar manuales de etnografía pintoresca. Su pintura es, ante todo, pintura”.

El Bobo. Imagen tomada de Facebook
Pero si el latir de esta Isla alentaba en sus lienzos y cartulinas sin asomo de maniqueísmo y sí con un elevado y auténtico lirismo; en sus caricaturas el famoso personaje de El Bobo, creado en 1926, igual hablaba por los pobladores de esta Isla y sus reclamos.

Mediante ese antológico personaje, con puesto de honor en la historia del humorismo cubano, Abela denunció los males de la seudorrepública.

También distinguió a Abela una prolija carrera diplomática. Foto: tomada de bellasartes.co.cu
Era un bobo que “Al sonreír mostraba sus colmillos de lobo”, como indicara Nicolás Guillén y que, de haber continuado alentando en esta época de memes y redes sociales, mucho habría  dado de qué hablar.

En su quehacer artístico destacan obras como Guajiros, así como sus magníficas recreaciones de José Martí y sus numerosos cuadros centrados en niños, donde una personalísima ternura asomaba sin remedio.

La niña pelirroja, S.F, óleo sobre madera. Imagen tomada de bellasartes.co.cu
La misma ternura que hoy, junto al singular sello del artista, continúa conmoviendo porque, como aseguraba su propio creado, “La pintura ideal es aquella que nunca se acaba de ver”.

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