En la historia de Cuba hay nombres que no solo se recuerdan, sino que se piensan. Félix Varela y Morales es uno de ellos. Al cumplirse este 25 de febrero el 172 aniversario de su muerte, ocurrida en 1853 en San Agustín de la Florida, la Isla vuelve la mirada hacia aquel sacerdote que, con su filosofía y su ejemplo, encendió la luz de la independencia y la justicia social mucho antes de que la nación existiera como república.
Nacido en La Habana en 1788, Varela fue mucho más que un
hombre de fe. Fue un filósofo que introdujo las corrientes más modernas de su
tiempo, un educador que revolucionó la enseñanza al proclamar que "se debe
aprender a pensar", y un político que, desde las Cortes españolas, se
atrevió a proponer la autonomía para Cuba y a denunciar la esclavitud, ganándose
el exilio y la condena perpetua de la corona.
Su vida es la historia de un hombre que consagró su
existencia a la formación de conciencias. En el aula del Seminario de San
Carlos enseñó a sus discípulos entre ellos, a los futuros artífices de la
independencia como José Antonio Saco que la virtud cívica era inseparable del
conocimiento. Fue el primero en enseñar Física y Química en el país, pero su
principal cátedra fue la del amor a la verdad y a la patria.
Perseguido por sus ideas independentistas, Varela partió
hacia Estados Unidos, donde vivió un exilio que duraría más de tres décadas.
Lejos de acallar su voz, la distancia la amplificó. En una tierra extraña, y a
pesar de no dominar el inglés al principio, se convirtió en un párroco querido
en Nueva York, atendiendo a los inmigrantes irlandeses e hispanos más humildes
en medio de una ciudad hostil.
Fue allí, en el exilio, donde continuó sembrando los
ideales de justicia y humanidad. Fundó periódicos como "El Habanero",
semillero del pensamiento independentista cubano, donde defendió los derechos
humanos, la abolición de la esclavitud y la necesidad de romper los lazos
coloniales. Varela entendía que la libertad de Cuba no era un capricho político,
sino un derecho natural de sus hijos.
A 172 años de su partida física, la vigencia de Varela no
reside en estatuas o discursos protocolares. Reside en su llamado a pensar por
cuenta propia, en su defensa radical de la dignidad humana y en su incansable
labor con los más necesitados.
Cuando en 1911 sus restos fueron repatriados desde Florida,
el pueblo cubano lo recibió en La Habana con los honores de un héroe. Hoy, el
Padre Varela es ese faro que ilumina las horas inciertas: el hombre que nos
enseñó que el amor a la patria y la defensa de los derechos humanos son las dos
caras de una misma moneda.
Recordar a Félix Varela es recordar la lección fundamental
que impartió desde su cátedra y su ejemplo: el primer paso para ser libres es
atreverse a pensar.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/02/amplian-educacion-superior-y-etecsa.html
Portal del Ciudadano de La Habana
JCDT – SST
