La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) hizo pública hoy su Declaración de Condena a la agresión militar de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, tras reportarse esta madrugada bombardeos en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores.
Esos hechos
constituyen una violación del Derecho Internacional y de la Carta de las
Naciones Unidas, al ejecutarse sin declaración de guerra ni autorización del
Congreso estadounidense, alertó la Presidencia de la UPEC en una declaración
que, por su importancia, la Agencia Cubana de Noticias transmite a continuación
íntegramente.
La sed
petrolera de un imperio no puede imponerse a las ansias de paz de un pueblo y
una región.
América Latina,
el Caribe y el mundo constatan ahora mismo, al precio más alto, el valor de las
denuncias previas de varios gobiernos y pueblos sobre la voracidad del Norte,
hoy más revuelto y brutal que en los tiempos de Martí: Estados Unidos no solo
agredió directamente zonas de Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, sino que,
haciendo valer su condición de forajido internacional, secuestró al presidente
legítimo, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, quienes de momento han
pasado a integrar la lista infinita de “desaparecidos” bajo crédito imperial.
A Donald Trump
no le basta con jugar al capricho con su inmenso país, sino que intenta
convertir un mundo ya patas arriba, descrito hace tiempo por Eduardo Galeano,
en patadas sin mundo carentes de cualquier sentido.
En el colmo del
cinismo, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Maduro y Cilia fueron
llevados a territorio estadounidense para ser juzgados y añadió que los
bombardeos yanquis protegían a los agentes encargados del secuestro. ¿Cuál
justicia, bajo la dictadura de Trump? ¿Quiénes, realmente, deberían someterse a
los tribunales internacionales, los agredidos o los agresores? ¿Se protege a
delincuentes invasores atacando a todo un pueblo? Nada asombra, en el catálogo
del viejo Sam.
Estos actos
criminales deben parar el largo sueño de Naciones Unidas y sus altos
funcionarios, víctimas ellos mismos del irrespeto continuado de la Casa Blanca,
pero obligados, por su compromiso con la humanidad, a no dejarse amedrentar por
el Pentágono.
Ha sido rasgado
el velo plurinacional de Zona de Paz que América Latina y el Caribe intentan
tejer por sobre la diversidad y las disensiones, pero acaso el mejor argumento
para la denuncia unida sea hoy la constatación de que el zarpazo vino de fuera,
de la “Otra América”, cual diría Martí, y no de la Nuestra. Donald Trump, que
cambió sin recato político el nombre de su Departamento de Defensa por el de
Guerra, intenta ahora a plumazo de misiles cambiarle el apellido a nuestra región.
¿Lo vamos a permitir?
Este acto
demuestra que, en efecto, el presidente estadounidense merecería el Nobel de…
la guerra. De cualquier modo, el Premio fue a parar a una de sus admiradoras:
María Corina Machado, quien a esta hora debe celebrar, con esa vocación rara de
los nuevos “pacifistas”, la herida nocturna y traicionera a varios
compatriotas. Probablemente, un poco de sangre hermana salpica el último
dictamen de Oslo.
Ya se sabe, el
imperialismo es un águila tenebrosa; sin embargo, sus hechos de hoy son claros:
no solo se ha agredido a un país independiente y sacado a la fuerza a su
presidente constitucional, sino que se hizo sin declaración de guerra ni
permiso para el uso de la fuerza militar por el Congreso de Estados Unidos. Los
pueblos y gobiernos del mundo deben condenarlo sin titubeos, pero acaso la
primera que debe desmarcarse de esa acción es la sociedad norteamericana,
primera escena de ensayo de los pasatiempos dictatoriales de su presidente.
Como en el
preludio de Playa Girón, se llegó a este punto tras una escalada inédita y cínica
que pasó por 36 embarcaciones destruidas, sin pruebas ni cargo alguno, y el
asesinato de, al menos, 115 personas, en tanto la CIA recibió en octubre la
descarada autorización de Trump a operar dentro de Venezuela. Estas son las
resultantes.
Se temía y ha
pasado: Venezuela vive su propio Girón porque la boa del Norte apenas cambia la
piel -ahora es de amarillo sucio- pero sigue estrangulando pueblos. Venezuela
peleará: además de exigirle a la Casa Blanca prueba de vida de Maduro y
denunciar ante el mundo la agresión, el Gobierno Bolivariano activó todas sus
capacidades de defensa.
Cuba, su
Gobierno, su pueblo y sus periodistas, que ya una vez, con Fidel al frente,
defendieron a Hugo Chávez de un secuestro igual de vil, están ahora al lado de
Maduro y de los venezolanos.
¡La sed
petrolera de un imperio no puede imponerse a las ansias de paz de un pueblo y
una región! ¡América Latina y el Caribe no quieren ser patio de nadie sino su
propio jardín!
Presidencia de
la Unión de Periodistas de Cuba.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/01/habaneros-opinan-sobre-agresion-de.html
(Con información
de ACN)
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