Cuba recuerda a cineasta Julio García-Espinosa

García-Espinosa fue un creador muy completo. Foto: Fernando Lezcano

Julio García-Espinosa Romero –de cuyo deceso se cumplen diez años el 13 de abril– formó parte de ese no tan numeroso círculo de realizadores que, además de fraguarlo, pensaron el arte fílmico en sus aristas artísticas, éticas y políticas.

En su caso, precisa ponderarse que también dedicó provechoso tiempo de su vida a dirigir ministerios, creaciones e instituciones culturales de alta significación, tanto para el acervo de Cuba como de Latinoamérica en general.

El fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (en el cual se desempeñó en varias responsabilidades de peso, hasta alcanzar su presidencia), fue viceministro de Cultura y dirigió el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

El Premio Nacional de Cine 2004 legó una valiosa filmografía, integrada a la evolución misma del séptimo arte revolucionario desde sus raíces, a la cual aunó un quehacer ensayístico aportador de postulados teóricos que hoy continúan llenos de vigencia.

Sus textos Por un cine imperfecto, En busca del cine perdido, El destino del cine, La doble moral del cine, Un largo camino hacia la luz, El cine cubano o los caminos de la modernidad y Lo nuevo en el Nuevo Cine Latinoamericano, entre otros, resultan materiales teóricos capaces de argumentar a placer esa aseveración.

Graduado de Dirección en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma en 1953, al presidente de la sección de Cine de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo le cupo el histórico honor, en colaboración con Tomás Gutiérrez Alea y otros notables de la pantalla cubana, de dirigir el cortometraje El Mégano (1955).

Este año –cuando se cumplirá, asimismo, el centenario de su nacimiento, el próximo 5 de septiembre– representa tentadora fecha de invitación para parte de los espectadores de las nuevas generaciones que aún no ha accedido a la obra fílmica del también fundador del Comité de Cineastas de América Latina, integrante de la Academia de Cine de España y director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

Esa obra fílmica contempla películas de ficción indelebles de nuestro panteón cinematográfico, a la manera de El joven rebelde (1961); Aventuras de Juan Quinquín (1967) o Reina y Rey (1994), su última y desgarradora cinta de ficción, filmada en los días más asfixiantes del periodo especial, con una Consuelito Vidal para enmarcar en cada fotograma.

También, con un trabajo sostenido –y muy destacado en numerosos títulos– dentro del documental y la confección de guiones, Julio García-Espinosa fue un creador muy completo, uno de los más integrales de la historia de nuestra pantalla.

Y, por supuesto, como algunos de sus colegas, sería, igualmente, un espectador omnívoro. Desde la primera película que vio (El hombre lobo, en la sala capitalina Nora) hasta su muerte, observó, disfrutó y analizó infinito cine, de muchas partes, de su tempranamente amado neorrealismo italiano a casi todo.

Las siguientes palabras, extraídas de su discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa por el Instituto Superior de Arte, son muy ilustradoras del compromiso de Julio: «Me siento tan orgulloso de ser parte del Icaic, como contemporáneo de esta Revolución. Personalmente le agradezco a la Revolución haberme ayudado a no ser un hombre fragmentado. No tengo fractura alguna entre mi compromiso con el Cine y mi compromiso con la Revolución.

«Sé que (…) la coherencia no siempre es fácil y que, además la coherencia forzada puede bloquear al espíritu. Pero la Revolución nos ha abierto puertas para evitar el conformismo. Así es, así será. Son tiempos, por demás, de vergüenza. De los que la tienen y de los que no la tienen. El mundo no puede ser indiferente. El Cine no debe serlo. Yo no lo soy».

https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/04/nora-filme-cubano-que-convoca-cientos.html 

(Julio Martínez Molina – Granma)

JCDT – SST - YVR

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