La singularidad de Esteban Alfaro Diebra - director del Departamento de Palmares en Playa 2-, con más de tres décadas de trayectoria - se expresa en un enfoque que entrelaza los indicadores de eficiencia con la labor social en los barrios y la atención a jóvenes desvinculados del trabajo.
Alfaro Diebra, Héroe del Trabajo de la República de Cuba, prefiere
atribuir su más alta distinción al colectivo. Una vocación que debe a sus años
en la Unión de Jóvenes Comunistas, al Mariel de los ochenta y al Período
Especial, cuando “reinventarse” era cuestión de supervivencia.
Hoy, en medio de una crisis energética sin precedentes,
Alfaro presume que ninguna de sus instalaciones ha cerrado “porque los
trabajadores no hayan llegado”. Y lo dice mientras la entrevista transcurre en
un escenario donde la electricidad va y viene, y el carbón y la leña han vuelto
a ser aliados de cocina.
Sus inicios fueron políticos, no empresariales. “Comencé
como cuadro de la UJC en Candelaria, luego en mi municipio natal, Mariel, y
después fui miembro del Buró Provincial en los inicios del Periodo Especial”,
recuerda. Ese tránsito por la organización juvenil, el Partido, el campismo
popular y el sistema de gastronomía —“fui dependiente, jefe de brigada, jefe de
turno, administrador”— fue tejiendo un liderazgo de base, anclado en el
territorio y en la gente.
Cuando en 2011 se fusionan cafeterías y restaurantes,
Alfaro Diebra asume la jefatura de lo que hoy es el Departamento Palmares en
Playa 2. Pero su relato evita los ascensos lineales para enfocarse en lo que
considera el verdadero motor: “el cliente interno”.
“Son nuestros trabajadores —subraya—. La atención oportuna,
el reconocimiento a lo bueno que hacen cada día. Eso se traduce después en el
servicio a los clientes”.
La
COVID, el ordenamiento y el bloqueo
Alfaro Diebra estructura su épica en tres momentos. El
primero: la pandemia. Designado por el presidente del Grupo Empresarial
Cubasol, como coordinador del programa anti-COVID, Alfaro movilizó 29 brigadas
sanitarias y 327 trabajadores en el hospital Salvador Allende. “Ninguno se
enfermó”, dice con orgullo. Y cuando muchos sectores se paralizaron, él y su
colectivo se “reinventaron” con comida a domicilio. “Con las propias guaguas de
Cubasol llevamos alimentos a precios módicos a Alisa, Playa y Marianao durante
19 meses”.
El segundo momento fue el ordenamiento monetario. “Palmar
no estaba en el balance nacional. Tuvimos que buscar alternativas para dar
servicio al pueblo y generar utilidades”.
El tercero es el que viven hoy: bloqueo feroz, crisis
energética, inflación del transporte, cortes de agua en los hogares de los
trabajadores. “Hemos cocinado con leña, con carbón. Pero no se ha cerrado
ninguna instalación porque los nuestros no hayan venido. Eso es sentido de
pertenencia”.
Responsabilidad
social: más allá del mostrador
Alfaro Diebra no concibe la gastronomía como un negocio
aislado. Llevan nueve años haciendo trabajo comunitario en barriadas de los
ocho consejos populares de Playa. Restaurantes como La Cecilia, La Ferminia,
Dino's Pizza Tabay y La Marina se convierten los fines de semana en centros de
servicio para barrios vulnerables: Las Canteras, Jaimanita, Romerillo, la
Corbata, Atabey.
“En 2021, el Presidente nos orientó atender los barrios de
manera sostenible. Y lo hemos hecho: no solo comida a precios módicos, sino
actividades infantiles, visitas a hogares de ancianos, a niños sin amparo
parental. Al barrio hay que ponerle corazón”.
Pero la joya de la corona de su labor social es un programa
de capacitación para jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo.
Nació en Las Canteras, con 26 muchachos. El segundo curso
sumó 55; el tercero, 24; el cuarto, 337 jóvenes de los 14 municipios de La
Habana y la provincia de Artemisa. El quinto curso ya lleva 60 matriculados. Es
gratuito, con profesores voluntarios, en alianza con Formatur (escuela ramal
del turismo) y la escuela del Comodoro.
Y muchos de esos jóvenes terminan empleados en el turismo.
“Si algo no nos pueden bloquear —sentencia— es la atención,
la capacitación”.
“Mis héroes son los trabajadores”
Cuando en 2024 le concedieron el título honorífico de Héroe
del Trabajo de la República de Cuba —el tercero en Palmares y el primer cuadro
del MINTUR en recibirlo—, Alfaro Diebra no hizo gala individual. “Yo no lo veo
en lo personal, lo veo en lo colectivo. Esos son nuestros trabajadores, el
pueblo. Y es un compromiso mayor para seguir defendiendo la obra de la Revolución
con humildad y sencillez”.
Padre de un médico de 35 años y abuelo de la pequeña Elena, confiesa que sus mayores desafíos siguen siendo ideológicos: “No rendirse, no acomodarse, criticarnos hacia adentro y buscar iniciativas. Tenemos millones de dificultades, pero el optimismo es mayor”.
A preguntas del cierre, Alfaro Diebra enumera actividades:
el Día Internacional de los Niños (27 y 28 de junio), el centenario del
Comandante en Jefe, el cierre del verano el 30 de agosto. Pero antes, un gesto
que lo define: “Llevamos comida gratuita a madres con tres, cuatro y cinco
hijos en Las Canteras”.
Esteban Alfaro Diebra no es solo un héroe del trabajo. Es, quizás, un héroe de lo cotidiano: el que cocina con carbón mientras enseña a jóvenes a no rendirse, el que reparte croquetas en un barrio sin luz mientras escribe, con cada acción, la única receta posible en tiempos difíciles: “guapo y faja’o”.



