Eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Vilma Espín Guillois no solo fue combatiente de la clandestinidad y la lucha en La Sierra, sino arquitecta de la emancipación femenina en la Isla.
Su vida fue un ejercicio de coherencia revolucionaria.
Desde su juventud en el movimiento clandestino hasta la fundación de la FMC en
1960, Vilma entendió que la justicia social sería incompleta sin la plena
igualdad de la mujer. Bajo su guía, Cuba logró leyes pioneras, acceso universal
a la educación y la salud, y una participación femenina sin precedentes en todos
los ámbitos de la sociedad.
Pero más allá de los logros materiales, Vilma supo imprimir
un sello profundo: el de la unidad, la ternura y el sacrificio consciente. No
fue una líder distante; fue compañera, hermana y guía de generaciones de
cubanas que encontraron en ella la voz de sus aspiraciones.
Su legado no es una estatua de bronce. Vive en el rostro de
cada médica, cada científica, cada obrera y cada ama de casa que hoy defiende y
construye la Patria. En cada proyecto comunitario, en cada ley que protege a la
familia cubana, late el corazón de Vilma.
A 18 años de su partida física, su pensamiento nos convoca:
la Revolución es también la obra de las mujeres, y su defensa exige la misma
entrega con que ella dio su vida. Vilma Espín Guillois no murió; se multiplicó
en la fuerza de las cubanas que, fieles a su ejemplo, asumen el presente y
forjan el futuro.
"Ser mujer y revolucionaria es un privilegio",
dijo una vez. Y hoy, Cuba entera le responde: Gracias, Vilma, por enseñarnos
que la dignidad no se negocia y que el amor por la Patria se demuestra con
hechos.
Su estrella brilla en cada esquina de Cuba, iluminando el
camino de las que vienen detrás.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/06/maximo-gomez-hijo-insigne-y-entranable.html
(Portal
del Ciudadano de La Habana)
JCDT
