La voluntad de seguir adelante, aun en medio de dificultades que no han sido pocas ni fáciles, marcó la formación de los nuevos profesionales de la Salud graduados por la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, afirmó su rectora, Yoandra Muro Valle.
«En cada momento que la Patria los ha convocado, sus batas
blancas y alegría juvenil han dicho presente», expresó durante el acto de
graduación dedicado al centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz, presidido por Rolando Yero Travieso, jefe del Departamento de
Atención al Sector Social del Comité Central del Partido, y José Angel Portal
Miranda, ministro de Salud Pública.
La rectora reconoció el esfuerzo de los estudiantes para
culminar sus carreras en un contexto marcado por dificultades energéticas, de
transporte y por el déficit de insumos en los servicios asistenciales. Sin
embargo, dijo, la voluntad y el compromiso permitieron avanzar.
En esta promoción egresan 1 899 profesionales de la Salud
de 11 facultades de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, entre
médicos, estomatólogos, licenciados en Enfermería y profesionales de las
Tecnologías de la Salud, formados en los distintos niveles de la educación
superior.
Más allá de los títulos y las cifras, la jornada celebró
una manera de entender la profesión. «Recibir este título es un honor que
implica salvar vidas, aliviar el dolor y transformar lágrimas en esperanza»,
afirmó la doctora Alejandra de la Cruz Moreno, Mejor Graduada de la Carrera de
Medicina y Mejor Graduada Integral de la Universidad.
En sus palabras se resumió el sentido de una formación que
une ciencia, sensibilidad y responsabilidad. Porque detrás de cada bata blanca
hay años de estudio, guardias, jornadas de investigación y aprendizajes que
solo adquieren su verdadera dimensión cuando se ponen al servicio de una
persona.
También fue una graduación marcada por la diversidad, pues
más de 580 jóvenes de 73 países recibieron sus títulos junto a sus compañeros
cubanos. Muchos llegaron a La Habana desde lugares distantes y, tras años de
estudio y convivencia en aulas y escenarios asistenciales, regresan a sus
naciones con una profesión y una experiencia humana compartida.
En el juramento de graduación, los nuevos profesionales se
comprometieron a respetar la dignidad y la autonomía de cada paciente, actuar
sin discriminación, proteger la confidencialidad y ejercer con rigor
científico, ética y pensamiento crítico. Ratificaron, además, su disposición a
servir allí donde sean necesarios y a mantener la vocación internacionalista
que ha distinguido a la formación médica cubana.
Para unos, el próximo destino estará en una comunidad o
institución de Salud del país; para otros, en hospitales y servicios de sus
naciones de origen. Todos llevan, sin embargo, una responsabilidad común: hacer
de los conocimientos adquiridos una herramienta para cuidar, aliviar y
acompañar.
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(Wennys
Díaz Ballaga – Granma)
JCDT
