Los templos del consumo en La Habana republicana: el esplendor de las tiendas por departamentos

Tienda por departamentos El Encanto, La Habana. En esta foto de 1953 se observa la última gran ampliación que se realizó, ocupando así todo el frente de la calle de la calle Galiano. Foto: Granma - archivo

Antes de que las vitrinas vacías y los mostradores desiertos se convirtieran en la imagen recurrente del comercio cubano, La Habana republicana bullía con un ritmo comercial que poco tenía que envidiar a las grandes capitales del mundo. En el corazón de la ciudad, entre las calles Galiano y San Rafael, se alzaban verdaderos templos del consumo moderno: las tiendas por departamentos. Más que simples establecimientos comerciales, fueron el escenario donde la burguesía habanera escenificó su aspiración de modernidad, el lugar de encuentro de una sociedad en ebullición y el espejo donde se reflejaron las contradicciones de una república que prometía progreso pero perpetuaba profundas desigualdades.

El origen de este fenómeno comercial se remonta a finales del siglo XIX, cuando una ola de inmigrantes asturianos, con el olfato para los negocios y el sueño de hacer fortuna en América, comenzó a transformar el paisaje urbano de La Habana. En 1888, los hermanos José y Bernardo Solís establecieron una modesta tienda de telas en la esquina de Galiano y San Rafael. Nadie podía imaginar entonces que aquel pequeño comercio se convertiría en el embrión de El Encanto, la cadena de grandes almacenes que llegaría a ser considerada un modelo a seguir por la industria comercial de toda América Latina.

El éxito de los Solís fue imparable. En 1900 constituyeron la sociedad Solís, Entrialgo y Cía. S.A., y comenzaron a expandir su negocio más allá del textil. Crearon departamentos especializados para cada sección de la tienda, configurándose desde principios del siglo XX como una auténtica tienda por departamentos. El edificio insignia de El Encanto, con sus seis plantas y 65 departamentos de venta, se convirtió en un emblema de la innovación comercial. Allí, los clientes podían encontrar desde sedería y quincalla hasta juguetería, peletería y perfumería. La tienda contaba con casi mil empleados y se había ganado una bien ganada fama por sus artículos.

Sección de perfumería de la tienda El Encanto. Foto: Archivo Granma
Pero El Encanto no era el único gigante en la calle. A su vera, en San Rafael y Águila, había abierto sus puertas en 1897 Fin de Siglo, un pequeño bazar que creció al ritmo de la gran Habana. Ropa hecha, juguetería, librería, loza y cristalería, peletería, perfumería, platería y sedería se distribuían en los cinco pisos del edificio. Fin de Siglo llegó a ser considerada una de las mejores tiendas por departamentos de Cuba, América Latina y del mundo en general.

La competencia era feroz y el ingenio comercial, desbordante. En la misma esquina de San Rafael y Galiano, frente a El Encanto, se ubicaban Flogar y el Ten Cents. Este último, filial cubana de la prestigiosa cadena estadounidense F. W. Woolworth, abrió sus puertas en 1937. Con cinco tiendas en La Habana y otras tantas en el interior, y unos mil empleados, sus inversiones sobrepasaban los veinte millones de pesos. El Ten Cents no se limitaba a vender: ofrecía cafeterías, peluquerías y atracciones infantiles, constituyendo la última novedad en materia de tiendas por departamentos.

La Época era otro de los centros comerciales más importantes de la época republicana. Ubicada en el corazón comercial de la ciudad, se sumaba a la constelación de grandes almacenes que convertían el cruce de Galiano y San Rafael en lo que se conocía popularmente como "la esquina del pecado". Y no muy lejos, en la calle Monte, se encontraba La Isla de Cuba, fundada en 1866, lo que la convertía en uno de los establecimientos más antiguos de La Habana. En 1927 inauguró un nuevo edificio de cuatro pisos de estilo ecléctico que ha llegado hasta nuestros días. Su estrategia comercial, basada en la competitividad de los precios, la hizo tan popular que su pareo publicitario en la radio se hizo famoso: «¡En Monte y Factoría, regalan la mercancía!».

Sabotaje en la tienda El Encanto de La Habana, acto terrorista financiado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Foto: Prensa Latina - archivo
El epicentro de este fervor comercial no se limitaba a las calles Galiano y San Rafael. A pocas cuadras, la Manzana de Gómez, inaugurada en 1917, se erigía como el primer gran complejo comercial cubierto de la ciudad, siguiendo los modelos de las galerías comerciales europeas. Ocupaba una manzana entera y albergaba todo tipo de tiendas y servicios en un espacio que respiraba la elegancia del Viejo Continente.

Estas tiendas por departamentos no eran meros espacios de compra. Eran el escenario donde la sociedad habanera de la república se exhibía, se encontraba y se distinguía. Sus escaleras mecánicas, sus vidrieras cuidadosamente decoradas y sus prácticas de escaparatismo eran toda una novedad que atraía tanto a las clases altas como a las humildes. La clientela, formada por todas las clases sociales, desde las más altas hasta las más humildes, recibía un trato esmerado. Pasear por sus pasillos, contemplar las mercancías y tomar un café en sus cafeterías era todo un ritual de modernidad.

Pero la historia de estos templos del consumo tiene un final trágico. El 13 de abril de 1961, un pavoroso incendio originado por el estallido de varias bombas en cadena redujo a cenizas El Encanto. La tienda, que contaba con siete pisos y 65 departamentos, fue destruida en un acto de sabotaje que conmocionó al país. Poco después, el 13 de octubre de 1960, la ley 890 nacionalizó no solamente las 13 grandes tiendas por departamentos, sino también 382 empresas más. Fin de Siglo, La Época, el antiguo Woolworths de la calle Galiano y el resto de los grandes almacenes pasaron a manos del Estado.

Parque Fe del Valle donde antes estuvo la tienda El Encanto. Foto: Radio Cadena Habana
Lo que fue el centro comercial de La Habana antes de la transformación comunista de la Revolución de 1959 quedó reducido a una sombra de su antiguo esplendor. Las tiendas nacionalizadas siguieron vendiendo, pero sus estanterías se llenaron de polvo y sus escaparates de mercancías escasas. El bullicio de las calles Galiano y San Rafael, aquella "esquina del pecado" que bullía de comercios, teatros, cafés y tranvías, se apagó para siempre.

Hoy, solo algunas fotografías y el recuerdo de habaneros nostálgicos dan fe de aquella época dorada. Las aceras de granito blanco con franjas sinuosas de granito verde que alfombraban San Rafael fueron desbaratadas cuando el tramo se convirtió en un bulevar deslucido. Pero la memoria de aquellos templos del consumo, con sus escaleras mecánicas, sus vidrieras y su promesa de modernidad, sigue viva en la historia de una ciudad que un día soñó con ser la París del Caribe. Las tiendas por departamentos de La Habana republicana no fueron solo un fenómeno comercial: fueron el símbolo de una época, el espejo de una sociedad y el testimonio de un sueño de progreso que el tiempo y la historia se encargaron de desvanecer.

https://www.granma.cu/hoy-en-la-historia/2018-04-12/sabotaje-a-la-tienda-habanera-el-encanto-una-operacion-de-la-cia-fotos

Gina Picart Baluja

JCDT

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