Nunca han sido más peligrosos para la humanidad el conocimiento y el desarrollo, que a día de hoy. Es el propio hombre quien, con su ingenio y su mano, puede provocar su propia extinción. Y no estamos hablando de forma alarmista. Las amenazas nucleares, que de un lado y de otro se «lanzan» algunas potencias, hacen ver como si desconocieran las sombras que aún se ciernen sobre Japón, cuando EE.UU. inició –de manera devastadora– la era nuclear.
Mientras
algunos países han decidido prescindir de importantes tratados sobre el uso y
la tenencia de esas armas de destrucción masiva, la desnuclearización no parece
figurar dentro de las opciones a corto o mediano plazo.
En su
edición del 3 de marzo de 2003, este diario publicó la visita de Fidel Castro
Ruz a la ciudad de Hiroshima, donde el 6 de agosto de 1945 murieron unas 140
000 personas, tras tocar suelo nipón Little Boy, la bomba lanzada poco después
de las 8 de la mañana en esa ciudad del oeste de Japón.
En aquella
oportunidad el Comandante pudo apreciar, en el Parque de la Paz, construido en
el lugar donde más devastación provocó la explosión atómica, un cenotafio de mármol
negro, en el cual están inscritos, a pincel, los nombres de las víctimas y arde
una llama eterna, dice el texto dado a conocer por el rotativo.
«Aquí en
Hiroshima debieran darse cita los estadistas del mundo para recordar lo que
nunca más deberá ocurrir, para juntos, detener las manos de quienes, pocos lo
dudan, volverían a utilizar el arma nuclear para ver cumplidos sus designios
hegemónicos. El Parque de la Paz es un área de más de 500 metros de extensión y
unos 200 de ancho. Allí todo recuerda el fatídico día, pero sobre todo el Museo
Conmemorativo, donde, guardados en frascos y preservados con quimicales, una
puede ver lo único que quedó de muchos de aquellos habitantes de Hiroshima: el «pellejo»,
se puede leer en el reporte, que detalla, además, otros elementos develadores
de aquel holocausto nuclear.
«En una
maqueta, la Hiroshima anterior al 6 de agosto puede observarse y también,
tristemente en qué quedó convertida luego de ser presa de las llamas como
consecuencia de los más de 6 000 grados centígrados de temperatura exhalada
desde el epicentro del hongo atómico que se afirma se elevó hasta 6 000 metros
en el aire».
Sobre lo
que pudo conocer Fidel con sus propios ojos acerca de uno de los momentos más
siniestros vividos por la humanidad, Granma detalló: «En el llamado Museo de la
Bomba Atómica, se conserva uno de los más dramáticos rastros del engendro
nuclear: los peldaños de entrada a un banco, sobre los cuales una sombra negra
es el único testigo de lo que fue un ser humano y que, al quedar incrustado en
llamas, se convirtió en eso».
Una
certeza lo acompañaba, y así lo dijo: «desgraciadamente lo ocurrido aquí no
sirvió de lección al mundo, por el contrario, se construyen decenas y decenas
de miles de bombas de todos los tamaños y de un enorme poder explosivo. Todavía
la especie humana no ha demostrado capacidad de autopreservación». Sin duda una
clara visión del contexto actual.
«Que jamás
vuelva a ocurrir semejante barbarie», dejó plasmado en el libro de visitas.
Desoírlo podría acercarnos peligrosamente a una nueva conflagración con armas
letales, cuyo costo pagaría el hombre, masivamente.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/07/presentan-en-la-habana-obra-en.html
(Autor: Laura Mercedes Giráldez – Granma)
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