Fidel Castro: Que jamás vuelva a ocurrir semejante barbarie

 

«En una maqueta, la Hiroshima anterior al 6 de agosto puede observarse y también, tristemente en qué quedó convertida luego de ser presa de las llamas», reseñó el reporte de Granma sobre la visita de Fidel a la ciudad nipona. Foto: Pablo Pildain Prats

Nunca han sido más peligrosos para la humanidad el conocimiento y el desarrollo, que a día de hoy. Es el propio hombre quien, con su ingenio y su mano, puede provocar su propia extinción. Y no estamos hablando de forma alarmista. Las amenazas nucleares, que de un lado y de otro se «lanzan» algunas potencias, hacen ver como si desconocieran las sombras que aún se ciernen sobre Japón, cuando EE.UU. inició –de manera devastadora– la era nuclear.

Mientras algunos países han decidido prescindir de importantes tratados sobre el uso y la tenencia de esas armas de destrucción masiva, la desnuclearización no parece figurar dentro de las opciones a corto o mediano plazo.

En su edición del 3 de marzo de 2003, este diario publicó la visita de Fidel Castro Ruz a la ciudad de Hiroshima, donde el 6 de agosto de 1945 murieron unas 140 000 personas, tras tocar suelo nipón Little Boy, la bomba lanzada poco después de las 8 de la mañana en esa ciudad del oeste de Japón.

En aquella oportunidad el Comandante pudo apreciar, en el Parque de la Paz, construido en el lugar donde más devastación provocó la explosión atómica, un cenotafio de mármol negro, en el cual están inscritos, a pincel, los nombres de las víctimas y arde una llama eterna, dice el texto dado a conocer por el rotativo.

«Aquí en Hiroshima debieran darse cita los estadistas del mundo para recordar lo que nunca más deberá ocurrir, para juntos, detener las manos de quienes, pocos lo dudan, volverían a utilizar el arma nuclear para ver cumplidos sus designios hegemónicos. El Parque de la Paz es un área de más de 500 metros de extensión y unos 200 de ancho. Allí todo recuerda el fatídico día, pero sobre todo el Museo Conmemorativo, donde, guardados en frascos y preservados con quimicales, una puede ver lo único que quedó de muchos de aquellos habitantes de Hiroshima: el «pellejo», se puede leer en el reporte, que detalla, además, otros elementos develadores de aquel holocausto nuclear.

«En una maqueta, la Hiroshima anterior al 6 de agosto puede observarse y también, tristemente en qué quedó convertida luego de ser presa de las llamas como consecuencia de los más de 6 000 grados centígrados de temperatura exhalada desde el epicentro del hongo atómico que se afirma se elevó hasta 6 000 metros en el aire».

Sobre lo que pudo conocer Fidel con sus propios ojos acerca de uno de los momentos más siniestros vividos por la humanidad, Granma detalló: «En el llamado Museo de la Bomba Atómica, se conserva uno de los más dramáticos rastros del engendro nuclear: los peldaños de entrada a un banco, sobre los cuales una sombra negra es el único testigo de lo que fue un ser humano y que, al quedar incrustado en llamas, se convirtió en eso».

Una certeza lo acompañaba, y así lo dijo: «desgraciadamente lo ocurrido aquí no sirvió de lección al mundo, por el contrario, se construyen decenas y decenas de miles de bombas de todos los tamaños y de un enorme poder explosivo. Todavía la especie humana no ha demostrado capacidad de autopreservación». Sin duda una clara visión del contexto actual.

«Que jamás vuelva a ocurrir semejante barbarie», dejó plasmado en el libro de visitas. Desoírlo podría acercarnos peligrosamente a una nueva conflagración con armas letales, cuyo costo pagaría el hombre, masivamente.

https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/07/presentan-en-la-habana-obra-en.html

(Autor: Laura Mercedes Giráldez – Granma)

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