Las manos que levantaron una ciudad como La Habana

 

Castillo de los Tres Reyes del Morro. Foto: Portal del Ciudadano de La Habana

La Habana colonial no fue solo obra de la Corona española; detrás de cada fortaleza, convento y palacio hubo una historia de resistencia, saber y sangre africana que muchos relatos oficiales han preferido omitir.

La imagen típica de la Habana Vieja, con sus calles adoquinadas y sus majestuosas fortalezas, suele evocar el poderío del imperio español. Sin embargo, al caminar por la Plaza de Armas o contemplar el imponente Castillo de los Tres Reyes del Morro, rara vez se piensa en las manos que, piedra a piedra, levantaron esos muros. La ciudad que hoy es Patrimonio de la Humanidad no podría entenderse sin el aporte fundamental, aunque anónimo durante siglos, de la mano de obra esclavizada y liberta que llegó de África.

La investigadora y museóloga Inaury Portuondo Cárdenas, especialista del Museo Casa de África, ha dedicado años a desentrañar esta verdad incómoda pero esencial. En sus estudios, subraya que la construcción de la urbe no fue un proceso azaroso. Muchos de los esclavizados que llegaron a la isla poseían habilidades constructivas avanzadas, aprendidas en sus lugares de origen, donde habían existido imperios con grandes edificaciones y zonas amuralladas. No eran simplemente brazos, eran maestros canteros, albañiles y carpinteros que traían consigo conocimientos que se fusionaron con las técnicas europeas para dar forma a una arquitectura única.

La Plaza de Armas de La Habana. Foto: Portal del Ciudadano de La Habana
Este contingente de trabajadores especializados era tan valioso que, a diferencia de los esclavos de plantación, se les mantenía en barracas cercanas a las fortificaciones, listos para ser movilizados a la obra en cualquier momento. En la llamada Maestranza de Artillería, situada en la manzana de las calles Cuba y Chacón, se concentraban los “esclavos del Rey”, dedicados exclusivamente a las construcciones militares. Fueron ellos los albañiles del imperio, los que levantaron los muros que defenderían a la ciudad de corsarios y piratas. La propia investigadora aclara que el apellido "Del Rey", tan común en La Habana, proviene precisamente de estos africanos que, al ser bautizados, adoptaban el apellido de su amo: el monarca español.

El legado de estas manos negras va más allá de lo físico. No solo levantaron palacetes y fortalezas, sino que infundieron en la ciudad una cultura de la resistencia. Los cantos de labor, las técnicas constructivas y las reinterpretaciones del diseño se transmitieron de generación en generación a través de la oralidad, una expresión de resistencia cultural que desafió la opresión. Figuras como Fernando Ortiz sentarían después las bases para entender este proceso de transculturación, demostrando que La Habana no es solo una copia de una ciudad española, sino una síntesis, un crisol donde lo europeo se fundió con lo africano para crear algo nuevo.

Es imposible, por tanto, hablar de la grandeza arquitectónica de La Habana colonial sin reconocer el sufrimiento y la pericia de quienes la hicieron posible. Como bien señala Portuondo Cárdenas, fueron ellos quienes levantaron esas edificaciones de las que hoy nos enorgullecemos. La próxima vez que un visitante se maraville ante la catedral o recorra las calles de la Habana Vieja, debería recordar que bajo cada piedra y en cada diseño hay una historia no contada de resistencia, saber y sangre africana que es, en esencia, el verdadero cimiento de la ciudad.

https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/08/destaca-revitalizacion-popular-de-la.html

Gina Picart Baluja

JCDT

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