Viaje sonoro por la historia de Cuba a través del Museo Nacional de la Música

Quien recorre las diez salas del museo –cinco permanentes y cinco transitorias– se encuentra con un relato que trasciende lo meramente expositivo. Foto: Wikimapia - tomada de Granma

En la Habana Vieja, casi frente al mar, una casona de principios del siglo XX resguarda el patrimonio musical de Cuba. Quien recorra las diez salas del museo –cinco permanentes y cinco transitorias– se encuentra con un relato que trasciende lo meramente expositivo.

En la esquina de Capdevila con Habana, en el entramado colonial del centro histórico de nuestra capital, se alza una mansión, una de tantas dispersas por la ciudad. Sus columnas robustas y su sillería tallada, que evocan el renacimiento italiano, acogen en su interior el Museo Nacional de la Música, institución que desde hace más de medio siglo custodia la memoria sonora de Cuba.

El inmueble, erigido en 1905 como regalo de bodas del acaudalado comerciante Francisco Miguel Pons y Seguí para su hija Catalina, fue concebido por el mismo arquitecto que diseñó la Embajada de España.

Durante tres décadas, esta residencia de la burguesía habanera recibió en sus salones a intelectuales de renombre, hasta que en 1936 fue adquirida por el Gobierno cubano para instalar allí la Secretaría de Estado.

No sería hasta después del Triunfo de la Revolución, en 1959, que el edificio albergaría la Policía Marítima, función que desempeñó hasta su transformación definitiva.

UN LEGADO QUE NACE DE LA GENEROSIDAD

La fecha fundacional del Museo Nacional de la Música se remonta al 9 de septiembre de 1971, bajo la dirección de la destacada profesora de piano María Antonieta Henríquez. Sin embargo, las salas de exhibición permanecerían cerradas hasta 1981, año en que el edificio fue restaurado y abrió sus puertas al público con la vocación de narrar el desarrollo histórico de la música en el archipiélago desde el siglo XVI hasta el XX.

Aquellos primeros diez años resultaron decisivos para conformar el acervo patrimonial que hoy atesora la institución. La primera donación llegó en 1971, cuando los familiares y el inseparable acompañante de la trovadora María Teresa Vera depositaron dos guitarras y las condecoraciones que la artista había recibido en vida. Aquel gesto generoso marcó el camino para que, poco a poco, el museo fuera nutriéndose de valiosas colecciones.

En 1983 asumiría la dirección María Teresa Linares, figura esencial para la musicología cubana y esposa de Argeliers León, considerado el padre de esta disciplina en el país. Bajo su liderazgo, el centro consolidó sus líneas investigativas y su labor discográfica.

Quien recorre las diez salas del museo –cinco permanentes y cinco transitorias– se encuentra con un relato que trasciende lo meramente expositivo. La partitura original del Himno de Bayamo, quizá la joya más preciada de la colección, convive con instrumentos que narran la evolución del sonido en Cuba.

Entre los objetos que despiertan mayor fascinación se encuentra la caja de música con discos de metal que José Martí obsequió a su esposa Carmen Zayas Bazán.

También destacan el buró del músico Eduardo Sánchez de Fuentes, autor del libreto de la ópera El Náufrago, y la mesa donde Moisés Simons compuso la inmortal pieza El Manisero.

El piano que acompañó al inigualable Bola de Nieve, partituras originales de Gonzalo Roig, Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, así como fonógrafos, discos metálicos y de pasta, completan un acervo que permite comprender las transformaciones musicales de la Isla.

Artículos personales de Tata Güines, donados al Museo Nacional de la Música, el 27 de junio de 2025. Foto: Tahimí Martínez Toledo
LA MÚSICA COMO MEMORIA VIVA

La sala Fernando Ortiz constituye uno de los espacios más apreciados por los visitantes, pues sus fondos se adentran hasta la prehistoria musical cubana, con relevantes muestras de las culturas africanas que influyeron en la formación de la nacionalidad, así lo reflejó la ACN en 2025.

Las colecciones de instrumentos afrocubanos vinculados a las religiones de origen africano, los conjuntos instrumentales del siglo XIX y principios del XX, y la sección de organología, que exhibe familias de instrumentos folclóricos de diversas regiones del mundo, ofrecen un panorama completo de las raíces que nutren la música cubana.

En la actualidad, el museo trasciende su función de simple depositario del pasado. Bajo la dirección de la musicóloga Sonia Pérez Cassola, la institución desarrolla talleres comunitarios, proyectos dirigidos a niños de escuelas cercanas y actividades culturales.

Musicólogos, museólogos, conservadores, restauradores e informáticos dedican sus conocimientos al cuidado de un patrimonio que continúa enriqueciéndose con nuevas donaciones.

https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/09/juan-almeida-bosque-el-comandante-de-la.html

(Autora: Verónica Núñez Lastres - Granma)

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