El 11 de octubre de 1979 dejó de respirar en La Habana, a los 71 años, José Fernández Díaz, Joseíto Fernández para todo el mundo, el hombre al que Cuba llamó el Rey de la Melodía. Cuarenta y siete años después de su muerte, su voz permanece asociada a una de las canciones cubanas que más lejos han viajado: La Guantanamera, considerada un segundo himno nacional.
Joseíto, que nació el 5 de septiembre de 1908 en el barrio
habanero de Los Sitios, que conoció desde temprano los oficios necesarios para
ayudar al sustento familiar, llegó a la música sin formación académica. Cantó
en tríos, sextetos y orquestas, cultivó géneros como la guajira, el son, el
bolero y la guaracha, y desarrolló un estilo propio que le ganó un lugar entre
las voces características de la música popular cubana.
Su nombre, sin embargo, quedó unido para siempre a La Guantanamera, cuya melodía comenzó a popularizar en las primeras décadas del siglo XX. La canción adquirió posteriormente una dimensión internacional, especialmente después de que Pete Seeger la interpretara incorporando versos de Versos sencillos, de José Martí. Desde entonces, innumerables versiones han llevado aquella melodía por escenarios de todo el mundo.
Pero reducir a Joseíto Fernández a una sola canción sería
olvidar al intérprete y compositor que también dejó boleros, guarachas y otras
guajiras. Su mayor legado quizá esté precisamente en esa capacidad de convertir
la música popular en relato: cantar la vida cotidiana, los acontecimientos y
los sentimientos de su tiempo con una voz cercana, reconocible y profundamente
cubana.
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(Vladia
Rubio – CubaSí)
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