Cuba vive un momento como aquel en el cual Fidel convocó a salvar la cultura —fuerza definida por él como escudo y espada de la nación—. Así afirmó en la tarde de este martes, desde el Palacio de la Revolución, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
No fue un día cualquiera el de este martes, sino el 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana. Y por eso se produjo en el Salón Portocarrero un encuentro entre la dirección del país y un grupo de artífices del universo cultural de la Isla. Fue un intercambio marcado por lo esencial y lo urgente, atemperado a los tiempos que corren, y en cuyo cierre el dignatario explicó por qué hoy también se trata de escudo, y de espada:
«Hoy tiene que ser escudo —la cultura—, porque hay un
pensamiento hegemónico, que nos quiere imponer una dominación colonial, y para
eso tiene que quebrar nuestra identidad. Por lo tanto, la cultura tiene que ser
el escudo que defienda nuestra identidad».
«Y, por otra parte, la cultura tiene que ser espada, porque
hoy, como arma, desde la creación cultural, también tenemos que defender la
Patria, tenemos que defender la Revolución y tenemos que defender el
socialismo».
Cuando la sensibilidad, el talento y el compromiso son los que marcan la pauta, se dan momentos hermosos y muy necesarios. Así sucedió este martes, en una jornada que también contó con la presencia del miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista, Roberto Morales Ojeda; de la jefa del Departamento Ideológico del Comité Central, Yuniasky Crespo Baquero; de la viceprimera ministra, Inés María Chapman Waugh; del titular de Cultura, Alpidio Alonso Grau, entre otros dirigentes.
Antes de que los creadores compartieran experiencias,
conceptos y emociones, el prodigio de la música —a través de Pancho Amat y su
inseparable tres, y del saxofonista César López— operó como un telón que
deliciosamente se fue elevando a través de acordes muy queridos, entre los
cuales se escuchó «La Bayamesa», esa creación de 1851, perteneciente a Carlos
Manuel de Céspedes, Francisco Castillo y José Fornaris.
«Hoy es un día verdaderamente feliz, un día grande para los
cubanos, de gran simbolismo, que marca la relación entre Patria y cultura»,
afirmó Alpidio Alonso, quien dijo que Cuba puede celebrar el 20 de octubre
gracias a que «cubanas y cubanos trabajan, como ustedes, para fomentar la
cultura».
Como fue el Jefe de Estado quien convocó a un encuentro como el de este martes, el ministro de Cultura quiso enunciar: «Gracias, Presidente». Y recalcó ante la representación del sector de la cultura, ante dirigentes, profesores y artistas, y ante una pensadora de sumo prestigio como Isabel Monal —quien recibió flores por sus 95 años—: «Esta es una oportunidad preciosa para conversar».
Alonso Grau reflexionó que, a pesar de las dificultades que
el cerco criminal del imperio ha impuesto a la Mayor de las Antillas, «la
cultura sigue viva». Y reconoció: «Nadie se ha cansado; nadie se ha rendido».
PALABRAS
EN NOMBRE DE LO BELLO Y DE LO DIGNO
El Primer Bailarín Dani Hernández, director de la Escuela
Nacional de Ballet y considerado entre las figuras cimeras del ballet a nivel
global, abrió las intervenciones: él se refirió al 20 de octubre como un día
simbólico y especial para todos los cubanos. Y compartió su gratitud por la
oportunidad de poder conversar con la dirección del país.
A pesar de la guerra imperial, dijo, «la cultura no ha
dejado de ser escudo y bandera de nuestra nación». E hizo referencia al
compromiso que habita en la enseñanza artística, allí donde «está el futuro».
El joven expresó que «nuestra identidad, nuestra cubanía» pertenecen a los hijos de Cuba; trajo a colación el hecho de que muchos dudaran sobre el inicio, este año, del nuevo curso escolar: «Y hemos demostrado que ese curso escolar se ha logrado». Dani sumó un detalle personal: «Vengo del campo, de Remedios (en la provincia de Villa Clara)». Está convencido de que —y así lo hizo saber—, si no fuera por la Revolución, no sería el bailarín que es hoy y mucho menos estaría al frente de la Escuela de Ballet.
El Presidente Díaz-Canel recordó entonces que Cuba posee la
particularidad de contar con un ballet que llegó a todos y que ha sido
inclusivo.
Otra historia de crecimiento y realización contó Marlene
Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos: ella tiene sus
orígenes en la finca de su abuelo, donde no había electricidad y donde aprendió
las primeras lecciones para entender el mundo, a la luz de un farol que quedó de
la campaña de Alfabetización.
En cualquier república, la savia de la vida fluye a través
de la cultura, afirmó Marlene, quien tiene la convicción de que, con todas las
carencias que sufre, el proyecto cubano es el más justo que existe a escala
planetaria.
Apegada al espíritu martiano, hizo referencia al sentido
que deben tener la virtud y la honradez en la hora actual. No podemos permitir
—añadió— la distorsión de la historia cubana, algo que pretende la guerra que
se le hace a la Revolución, «con perversidad, pero también con inteligencia».
Luis Enrique Quiñones, rector de la Universidad de las
Artes (ISA), habló sobre cómo «seguimos teniendo una gran demanda de muchachos
que quieren estudiar en nuestra Universidad». Y dijo: «Estamos enfocados en el
desarrollo de todo lo relacionado con el pensamiento». Él —también con raíces
humildes— expresó este martes: «Creo que no hay mayor privilegio que poder
colaborar con la formación de los hijos de otros».
Y sumó su voz Agustín Antonio Villafaña Rodríguez,
ceramista, grabador, pintor, diseñador y dibujante, quien reparó en que «hemos
salido precisamente del pueblo», y que, por eso, muchos deben agradecer que
exista un Ministerio de Cultura. «Siempre recuerdo las palabras de Fidel
diciendo que lo primero que había que salvar era la cultura», enunció el
artista, hijo de unos «guajiros en Yateras» (en la provincia de Guantánamo),
quien llegó incluso a experimentar el arte de la cerámica en Europa.
Fueron escuchadas las vivencias —para él inolvidables por su valor formativo— de Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba; de Lea Cárdenas, musicóloga, cantante y compositora —quien agradeció a las generaciones precedentes por la defensa que han hecho de la cultura—. E Igor Corcuera Cáceres, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, sumó su voz: «Nuestro arte no es para una élite, es para el pueblo y eso hay que agradecerlo al proceso revolucionario».
Igor no quiso pasar por alto que en su familia «nadie es
músico» y que, a pesar de ello, él estudió «la carrera más cara de la música» y
ha llegado a ser el director de la Orquesta Sinfónica Nacional.
DE
SÍMBOLOS SAGRADOS, DE AMOR Y PROYECTOS
Guille Vilar, periodista, promotor cultural, crítico
musical y director de importantes programas de la radio y la televisión
cubanas, hizo una petición a la dirección del país: «La enseña nacional tiene
que tener mayor presencia en nuestra vida cotidiana», porque —dijo— cuando los
mambises hacían la carga al machete, siempre había una bandera cubana.
Para el Guille —como tantos lo llaman cariñosamente— la
bandera es un «elemento de combate, de resistencia». Por eso, también recalcó:
«Dondequiera que haya asta, tiene que haber una bandera cubana, y mientras más
grande, mejor».
El Presidente cubano acotó, seguidamente, que el Guille
tiene razón. Y ese momento dio paso a la intervención del prestigioso escritor
y ensayista Enrique Ubieta, quien habló de su trinchera: «una revista cultural
que cumplirá 65 años en diciembre», revista «que ha tenido seis etapas
diferentes» y cuyo nombre refleja un contenido de historia pura: «Revolución y
Cultura».
Él quiso compartir un mensaje: «Nosotros, los intelectuales
cubanos, estamos dispuestos a morir de cara al sol y a algo todavía más
difícil: vivir de cara al sol, construir la Patria, la Revolución y el socialismo,
en condiciones de cerco».
Ana Nora Calaza, actriz cubana, cantante coral,
compositora, musicalizadora y asesora musical, hizo referencia al valor del
trabajo en las comunidades: «Muy contenta de estar aquí hoy y de que no pare el
trabajo comunitario». Y en la misma línea de pensamiento, Lizette Vila,
cineasta y al frente del Proyecto Palomas, evocó al Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz, e hizo explícita una elección: «No hemos cerrado nunca, ni vamos a
cerrar».
Se siguieron sumando voces: el trovador Silvio Alejandro
Rodríguez reflexionó sobre las empresas de la cultura y sobre la importancia de
que estas no renuncien a la esencia socialista por muchos cambios que hoy
puedan experimentar.
Por su parte, Pedro Pablo Rodríguez, Doctor en Ciencias Históricas, Investigador Titular y director general de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, recordó a dos «hombres excepcionales» que ha tenido la Isla: Martí y Fidel, cuyos legados, contó, están siendo estudiados en más de una latitud.
Sobre la «cultura del trabajo» habló la escritora Adelaida
(Laidi) Fernández de Juan, y también sobre el éxito de la más reciente Feria
del Libro, que, a pesar de las adversidades provocadas por el «castigo
medieval» del imperio, tuvo muchos libros y también mucho público.
«No va a ocurrir lo que hemos dado en llamar el apagón
cultural. Nosotros vamos a seguir», afirmó Laidi, quien sumó otra idea hermosa:
«Como los escritores tenemos cultura del trabajo, vamos a seguir creando».
El bailarín David Frank Acosta trajo a colación la
importancia de rescatar tradiciones como la de las comparsas habaneras. Su
reflexión no fue superficial, pues los argumentos tenían la sustancia de
estudios profundos sobre la identidad capitalina y sucesos que algún día habrá
que revitalizar como el «carnaval habanero», porque debajo de él, afirmó, «hay
fuertes raíces culturales, símbolos que hay que defender», porque «ahí hay una
historia de barrio, hay una unidad colectiva».
Seguidamente, el cineasta Aramís Acosta dijo tener la
satisfacción de contar con «todo el apoyo necesario para que se desarrolle la
alfabetización audiovisual a niños y jóvenes», en una experiencia que ya tiene
siete años. Es un hecho que ha transitado «por toda Cuba» y que ha permitido
transmitir saberes. Ya hay jóvenes —aseguró— que realizan sus propias obras.
Hacia el final de las intervenciones, el trovador Nelson
Valdés Viera volvió al legado de Fidel y a todo cuanto el líder hizo por los
jóvenes. Y pidió mandar un gran abrazo a un hombre que ha sido promotor de la
cultura: Raúl. A propósito, pidió a la dirección del país que transmita al
General de Ejército el mensaje de que «estamos también a su lado y que
defenderemos la Patria al precio que sea necesario».
Alpidio Alonso Grau recordó, casi al cierre de la jornada, «la responsabilidad que tiene la cultura en la resistencia de este pueblo». Y en las palabras que compartió con todos, el Presidente Díaz-Canel destacó:
«Ustedes han sido sumamente elocuentes —y sobre la base de
historias personales, sobre la base de explicar el contenido de proyectos que
están defendiendo, muchos de ellos en ese espacio tan vital y tan necesario en
estos tiempos, donde pasamos más tiempo todos, que es la comunidad—».
El dignatario elogió cómo los protagonistas de la cultura
han estado por encima de todas las adversidades. Y valoró: «Esto a uno también
le da una confianza, una seguridad, una energía, a partir del compromiso que
ustedes han expresado, y yo lo que quiero ratificar es que estamos convencidos
de que no va a haber apagón cultural en Cuba, aunque haya un bloqueo
recrudecido, aunque haya cerco energético».
Díaz-Canel resaltó que con esa cultura del trabajo de la
que habló Laidi, «y de cara al sol —como pedía Ubieta—», serán defendidas —desde
la cultura— la Patria, la Revolución y el socialismo.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/10/celebracion-del-20-de-octubre-identidad.html
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Autoría:
Alina Perera Robbio - Juventud Rebelde
JCDT –
AQA - DZA







