Hay necesidades que no se resuelven con un plato de comida, pero que comienzan a aliviarse cuando alguien lo ofrece. En Quisicuaba, proyecto sociocultural comunitario situado en el barrio de Los Sitios, en Centro Habana, la ayuda empieza por atender lo esencial y continúa con algo que no cabe en una ración: el respeto a la dignidad de cada persona.
Luis Enrique Alemán García, responsable del área de bienestar de la institución, conoce las distintas dimensiones de esa labor. Entre las personas atendidas hay habitantes de calle, ciudadanos con problemas de adicción, personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y madres solteras. Detrás de cada situación, explica, existen circunstancias que requieren atención, comprensión y respuestas concretas.
El comedor social representa el punto de partida de ese
acompañamiento. Allí se ofrece desayuno, almuerzo y cena a personas que
necesitan apoyo alimentario. Para Alemán, el valor del servicio no se limita a
satisfacer el hambre, pues también importa lo que significa para alguien saber
que cuenta con un lugar donde recibir alimentos.
“El simple hecho de brindarle un plato de comida caliente a
esa a esas personas todos los días, ya eso significa un cambio diferente en su
vida”, explica.
En su relato, el cambio se reconoce en el rostro y en la
expresión de quienes reciben la comida. La atención diaria adquiere otro
significado cuando el servicio alimentario se acompaña de una palabra amable,
de paciencia y de disposición para escuchar. No se trata solo de entregar una
ración, sino de reconocer a la persona que la recibe.
La ayuda que escucha
La atención de Quisicuaba no termina en el comedor. En la
misma instalación funciona una unidad médica con diferentes especialidades,
destinada a responder a necesidades de salud de las personas atendidas.
Alimentación, asistencia médica y acompañamiento conforman una respuesta que
busca abarcar más de una dificultad a la vez.
Para que esa atención conserve su dimensión humana, el
trabajo exige preparación. Alemán explica que los asistentes sociales reciben
capacitación cada lunes para adquirir herramientas que les permitan tratar con
respeto a personas cuyas circunstancias pueden exponerlas a la exclusión o al
rechazo. “Aunque vivan en la calle, aunque sean personas con VIH, aunque tengan
diferentes vulnerabilidades, siguen siendo seres humanos”, afirma.
La frase resume una idea central de su trabajo: ninguna
condición social o de salud debería determinar el valor que se concede a una
persona. La pobreza, las adicciones, la falta de vivienda o las dificultades
familiares requieren respuestas, no motivos para apartar a quienes las padecen.
Ese principio también ayuda a comprender por qué la
asistencia necesita una estructura que muchas veces permanece fuera de la vista
de los beneficiarios. Antes de que los alimentos lleguen a la mesa, hay que
organizar los suministros, trasladar los víveres, preparar las comidas y
distribuirlas. Según Alemán, el comedor atiende a unos 13.000 comensales, una
dimensión que exige coordinación entre cocineros, trabajadores y asistentes
sociales.
La solidaridad, por tanto, también depende de la
planificación. Los recursos proceden de donaciones y presupuestos específicos,
y su destino exige organización para sostener las obras sociales. La
disposición de ayudar necesita traducirse en tareas concretas para que los
servicios puedan continuar.
Un techo para volver a empezar
La labor de Quisicuaba se extiende más allá de Centro
Habana. En San Antonio de los Baños, municipio de la provincia de Artemisa,
funciona un centro de vida asistida que ofrece alojamiento, alimentación y un
espacio de convivencia a personas en situación de calle.
Alemán recuerda que llegar a esa condición no siempre
responde a una decisión individual. Los conflictos familiares y otras
circunstancias sociales pueden conducir a la pérdida del hogar, por lo que la
respuesta requiere algo más que un lugar donde dormir.
El centro busca ofrecer condiciones básicas de vida y un
entorno en el que sus residentes puedan establecer relaciones, compartir
experiencias y recuperar espacios de convivencia. La posibilidad de tener una
cama, recibir comida y contar con un lugar al que regresar forma parte de ese
acompañamiento.
En la visión del responsable del área de bienestar, la
reinserción social no consiste solo en atender una urgencia. También implica
reconocer que cada persona puede conservar aspiraciones, afectos y deseos de
construir una vida diferente.
Una familia que se amplía
La solidaridad que describe Alemán no se limita a quienes
trabajan de manera habitual en la institución. En las actividades participan
vecinos y brigadas internacionales que colaboran con la distribución de
alimentos y otras tareas comunitarias. Hay personas que se acercan para ayudar
en el comedor y otras que contribuyen al mejoramiento de los espacios del
barrio.
Ese compromiso compartido da forma a una relación que
trasciende la prestación de servicios. Los voluntarios encuentran una manera de
contribuir a la comunidad, mientras que la institución suma manos para
desarrollar sus programas sociales.
Quisicuaba cuenta con 34 programas sociales, según la
información aportada por Alemán. Su labor incluye iniciativas de asistencia y
reinserción, así como acciones relacionadas con la historia y el patrimonio de
la localidad. El museo que funciona en sus instalaciones constituye otra
expresión de ese vínculo entre la institución y la comunidad.
La dimensión humanista del proyecto recibió reconocimiento
público en febrero de 2026, cuando la Federación de Mujeres Cubanas le concedió
el Sello Conmemorativo Aniversario 65 de esa organización por el impacto de sus
obras sociales. El reconocimiento destacó el acompañamiento a personas y grupos
que afrontan distintas formas de vulnerabilidad.
La institución también mantiene vínculos de cooperación
internacional. Alemán menciona la colaboración con la Agencia Suiza para el
Desarrollo y la Cooperación y con Medicuba, organizaciones que han contribuido,
según explica, con iniciativas relacionadas con los alimentos y los
medicamentos.
Pero, al describir el sentido de la labor diaria, el
responsable del área de bienestar vuelve a las personas. A quienes necesitan
comida, atención médica, un techo o alguien dispuesto a escuchar. A quienes
llegan con problemas distintos y requieren que la respuesta no se reduzca a una
etiqueta.
En Quisicuaba, la ayuda adquiere muchas formas: una comida,
una consulta médica, una conversación paciente, una tarea compartida o un
espacio para comenzar de nuevo. Cada una responde a una necesidad concreta,
pero todas parten de la misma convicción que expresa Alemán: la vulnerabilidad
no borra la condición humana de nadie.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/10/informan-en-guanabacoa-unidades-para.html
Thalía
Fuentes Puebla – periódico Trabajadores
JCDT –
AQA – DZA


