El 5 de noviembre de 1992, Dulce María Loynaz se convertía en la primera mujer cubana, y hasta ahora la única, en recibir el Premio Miguel de Cervantes, el mayor reconocimiento de las letras en lengua española.
La cubana Dulce María Loynaz recibiendo de manos del Rey
Juan Carlos I de España el Premio Miguel de Cervantes. La ceremonia tuvo lugar
el 23 de abril de 1993, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.
La cubana Dulce María Loynaz recibiendo de manos del Rey
Juan Carlos I de España el Premio Miguel de Cervantes. La ceremonia tuvo lugar
el 23 de abril de 1993, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.
Foto: tomada de cultura.gob.es (detalle)
"Si me quieres, quiéreme entera, / no por zonas de luz
o sombra…". Aquellos versos de Dulce María Loynaz (1902-1997) parecen
también una declaración de principios de su literatura, que no admite ser
fragmentada, que se entrega con todos sus silencios, inquietudes y bellezas.
Por eso, cuando el 5 de noviembre de 1992, el Premio Miguel
de Cervantes llamó a su puerta, Cuba obtuvo uno de los reconocimientos más
importantes de su historia literaria.
Concedido desde 1976, el Cervantes distingue anualmente el
conjunto de la obra de escritores que han enriquecido de manera sobresaliente
la literatura en lengua española. Considerado el máximo galardón de las letras
hispánicas, hasta 2025, 25 autores latinoamericanos lo han recibido.
Loynaz fue la segunda mujer en obtenerlo, después de la
filósofa española María Zambrano, y la tercera escritora o escritor cubano en
incorporarse a su nómina. Antes lo había conseguido Alejo Carpentier, en 1977;
y después, Guillermo Cabrera Infante, en 1997. Ella fue, y sigue siendo hasta
ahora, la única mujer cubana distinguida con este galardón.
Desde Versos y Juegos de agua hasta Poemas sin nombre, Últimos días de una casa y Jardín, su escritura construyó un universo de intimidad, naturaleza, memoria y reflexión existencial. Su poesía, de extraordinaria profundidad, encontró en el silencio y en la contemplación la palabra precisa para expresar emociones universales; mientras Jardín, su novela lírica, reveló una singular capacidad para convertir el paisaje en territorio del alma.
Aquel noviembre de 1992, una mujer que había hecho del
recogimiento casi una forma de existencia, recibió el mayor reconocimiento de
la literatura en español y su nombre quedó inscrito junto a los de Borges,
Octavio Paz, Juan Carlos Onetti y otros grandes de nuestro idioma.
Porque Dulce María Loynaz, la cubana merecedora del Premio
Miguel de Cervantes hace hoy 24 años, hizo de la palabra un lugar donde cabían
el mundo y sus misterios, y de sus silencios, una voz que el tiempo no ha
conseguido apagar.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/11/ahs-nuevo-plazo-de-convocatorias-becas.html
Autor:
Vladia Rubio - CubaSí
JCDT –
AQA - DZA

