«La empresa estatal socialista tiene ante sí la oportunidad histórica de demostrar que puede ser ágil, eficiente y competitiva sin renunciar a su naturaleza socialista, y los directores empresariales tienen en sus manos la responsabilidad de que esa oportunidad no se pierda en la distancia entre el discurso y la práctica».
La afirmación la hizo el Primer Secretario del Comité
Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez,
en diálogo con más de medio centenar de directivos que participaron en el
Ejercicio de entrenamiento sobre las 176 Transformaciones Económicas y Sociales
realizado en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno, con la
participación de presidentes de grupos empresariales y juntas de gobierno.
Como epílogo del seminario realizado a fines de septiembre,
durante el intercambio el Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales
(INAEE) rindió cuentas sobre sus tareas en la primera etapa de implementación
de las transformaciones y se evaluó la marcha del proceso en cerca de una
docena de grupos empresariales de varios sectores.
En el encuentro, que fue moderado por Roberto Ricardo
Marrero, presidente del INAEE, el mandatario Miguel Díaz-Canel Bermúdez convocó
a los directivos del sistema empresarial estatal a asumir el compromiso con la
«eficiencia en la gestión, la participación de los trabajadores y resultados
para el pueblo».
Informó que, al cierre de octubre, las transformaciones
contaban con un respaldo legal significativo; 171 tenían completadas sus bases
jurídicas y estaban aprobadas 215 normas. Solo resta terminar los
procedimientos de cinco —las más polémicas, dijo—, pero se ha estado trabajando
en las normas jurídicas que las van a asegurar.
Los grupos de trabajo dedicados a atender los 23 ejes
temáticos de las transformaciones han hecho un enorme esfuerzo, y en tres meses
tenemos 215 normas jurídicas, reiteró el mandatario en una amplia explicación
de toda esa gestión normativa.
No obstante —acotó el Primer Secretario del Comité Central
del Partido Comunista—, lo que decidirá el rumbo de las transformaciones «será
la actitud de los cuadros, su disposición a liderar el cambio con preparación,
con responsabilidad social, con participación de los trabajadores y con firmeza
ideológica», sin caer en «tentaciones del mercado ni en la comodidad y la
inercia».
LOS
TRABAJADORES: FUERZA MOTRIZ DE LAS TRANSFORMACIONES
En el intercambio, el Presidente de la República compartió
criterios medulares sobre el papel que la dirección del país otorga a la
empresa estatal, el rol de sus directivos, la confianza activa, el papel que
deben jugar las empresas, su responsabilidad social, la participación de los
trabajadores y las posibles tendencias negativas que habrá que evitar o
enfrentar.
Al hacer un análisis de los resultados del seminario
realizado como ejercicio de entrenamiento sobre las transformaciones, señaló
que en este quedó ratificado que «la empresa estatal socialista no es un actor
residual ni un apéndice del aparato administrativo, sino que es el sujeto
principal de la economía nacional y el eslabón fundamental sobre el que
descansan las 176 Transformaciones Económicas y Sociales».
Y esa preeminencia de la empresa estatal socialista
—afirmó— «no se mide por la cantidad de entidades, ni por el volumen de
activos, sino por la calidad de la gestión con que se enfrentan estos procesos
y su capacidad real de generar eficiencia económica en comparación con otras
formas de propiedad y de gestión. O sea, tenemos que imponer desde la empresa
estatal socialista la eficiencia en todos los procesos».
Al recalcar que las transformaciones son una tarea
fundamental de cada empresa, Díaz-Canel subrayó asimismo —como otro concepto
esencial que nadie puede pasar por alto— «que la fuerza motriz de las
transformaciones y la fuerza motriz de las empresas para asumir las transformaciones
son los trabajadores».
Ante la trascendencia que otorga al papel de los
trabajadores en el éxito de las transformaciones, el Presidente dedicó parte
del diálogo a sentar las pautas de cómo debe ser la relación de las direcciones
empresariales con los trabajadores.
LA
AUTONOMÍA EMPRESARIAL NO ES UN CHEQUE EN BLANCO
Entre las premisas de las transformaciones, el Presidente
cubano recordó que estas otorgan a la empresa estatal un margen de autonomía
sin precedentes para la administración y la gestión de sus recursos, con una
descentralización de facultades para aprobar precios mayoristas, una
flexibilización en el destino de las utilidades después de impuestos y la
aprobación de su sistema salarial sin estar sujetas a una escala para todas las
empresas.
Subrayó que muchas de las transformaciones aprobadas
responden a solicitudes que se hacían desde antes, como dar a la empresa
autonomía para la importación y exportación sin intermediarios, facultarlas
para la gestión directa del combustible y permitirles crear sus estructuras,
además de poder establecer empresas filiales y Mipymes, entre otras
prerrogativas.
No obstante, acotó, «tiene que quedar claro que esta
autonomía no es un cheque en blanco». La autonomía es motor impulsor de un
cambio, pero este se tiene que traducir en más producción, en mayores ingresos,
en generación de divisas, en mejores precios, en una mayor dinámica de creación
de empleo y, como resultado, «lo que todos queremos, que haya una elevación
concreta de la calidad de vida del pueblo, del bienestar de nuestra población y
que en el menor tiempo posible podamos alcanzar la prosperidad que merece
nuestro pueblo».
TRANSFORMACIÓN
NO ES SINÓNIMO DE PRIVATIZACIÓN
En el intercambio con una representación del empresariado
cubano, el mandatario se detuvo en profundidad en dos elementos claves que
deben estar muy presentes en los análisis de las transformaciones: los
conceptos de propiedad y de gestión. Son cuestiones —explicó— sobre las cuales
hay dudas, incluso entre personas revolucionarias, en la población, y sobre las
que el enemigo está tratando de imponer matrices para desconceptualizar este
proceso.
«Y aquí tiene que estar claro —enfatizó— que la
transformación en sociedades mercantiles por acciones o participaciones no
equivale a privatización. Aquí —reafirmó— siempre vamos a proteger la empresa
estatal de la privatización».
Díaz-Canel explicó que en nuestro país se podrán crear
vínculos empresariales de diferentes tipos, como las asociaciones económicas
internacionales. Toda la empresa estatal que se pueda salvar, que no tenga que
quebrar —dijo—, se preservará, pero todos estos procesos se conducirán, y no
será hacia la privatización.
Con las transformaciones —argumentó—, «lo que se busca es
separar la propiedad de la gestión, atraer capital, mejorar la eficiencia,
lograr aprovechar mejor las capacidades que tenemos subutilizadas en la empresa
estatal, pero manteniendo la propiedad social como un principio irrenunciable».
CIENCIA,
INNOVACIÓN Y OTROS DESARROLLOS QUE APORTAN INGRESOS
Díaz-Canel retomó ante el empresariado estatal cuatro
aspectos claves que también deben guiar las transformaciones y que forman parte
de sus 23 ejes temáticos: la transición energética, la economía circular, la
ciencia y la innovación, la transformación digital, la automatización de los
procesos y la inteligencia artificial; temas —dijo— de los que «la empresa
estatal tiene que ser abanderada y tiene que ser la que los abrace con un mayor
impacto».
Sobre la transición energética hacia fuentes renovables de
energía, recalcó que quien no emprenda o profundice las acciones dirigidas a la
soberanía energética de su empresa no podrá ser competitivo ni podrá producir
como se requiere.
Hoy —dijo— es una estrategia de desarrollo empresarial más
necesaria que nunca, porque ante el cerco energético del imperio, nadie sabe
cuándo va a entrar más combustible a este país.
Ante el cerco energético —añadió—, «no nos podemos quedar
de brazos cruzados, hay que ir a la transición energética», que —explicó más
adelante— no se limita a los sistemas fotovoltaicos; está también la energía
eólica, la de la biomasa, el biocombustible, el biogás…
Las transformaciones —agregó el mandatario— también requieren
que la empresa estatal asuma la economía circular y aproveche todo lo que
podamos reciclar y reutilizar.
Con respecto a la ciencia y la innovación, retomó la
defensa que en todo momento hace de estas, porque —insistió— «el país va a
salir adelante si es capaz de innovar. Y para innovar hay que desarrollar el
pensamiento científico, las potencialidades científicas, que las hay en el
país, que asombran todos los días cuando vemos un colectivo de investigación,
un colectivo científico, lo que aporta».
Y para esto —esclareció— «lo que hay que buscar es una
mayor dinámica de interconexión entre el sector del conocimiento y el sector
empresarial para que los resultados de las investigaciones den solución a problemas
concretos que tenemos».
Reconoció que en los últimos años «el Sistema de Gestión de
Gobierno basado en Ciencia e Innovación ha ido mejorando esa interrelación y ya
hay matrices más amplias de relación entre demandas que hacen las empresas a
las entidades de ciencia e innovación y también desde la administración
pública; pero todavía —ilustró— quedan subutilizadas capacidades y
potencialidades».
Sobre el proceso de transformación digital y el auge en el
último trienio de la inteligencia artificial (IA) a nivel mundial, aunque Cuba
tiene un acervo de más de treinta años en esta ciencia, Díaz-Canel advirtió a
los empresarios del sistema estatal que esta es una manera de hacer más
productivos y dotar de mejor rendimiento a todos nuestros procesos productivos
y de servicios. «Es —alertó— una nueva revolución industrial que hay hoy a
nivel mundial y si no la asumimos nos vamos a quedar atrás también».
La transformación digital y la IA —agregó— también son una
solución ideal al tema de la dinámica demográfica que enfrentamos. Es «la única
manera de hacer más productivos, más rentables, nuestros procesos con menos
población económicamente activa para cada vez sostener a una mayor población
económicamente no activa».
«Automatizar procesos, transformar digitalmente, incluir la
inteligencia artificial», esa es la solución, reafirmó el Jefe de Estado, quien
reiteró su orientación de que cualquier nueva inversión en el sistema
empresarial estatal debe nacer con fuentes renovables de energía, con
transformación digital e inteligencia artificial, y las que ya existen deben
empezar a transformar sus procesos en esa dirección. Y todos buscando
respuestas en la ciencia y la innovación.
ROL DE
LAS DIRECTORAS Y DIRECTORES DE EMPRESAS
«El éxito de las transformaciones depende en gran medida de
la capacidad de dirección de los cuadros», afirmó el Primer Secretario del
Comité Central del Partido y Presidente de la República, al analizar el rol de
las directoras y directores empresariales en el éxito de las 176 Transformaciones
Económicas y Sociales.
«Los directores de las empresas estatales no son ejecutores
pasivos de normas jurídicas. Las normas jurídicas dan garantías, dan seguridad
jurídica a las transformaciones, pero no resuelven las transformaciones.
Ustedes, los dirigentes empresariales, son los líderes del proceso de cambio en
cada entidad», definió Díaz-Canel.
«Si ustedes no asumen el cambio, si ustedes no asumen la
transformación, va a ser muy difícil que se pueda llevar a cabo esa
transformación. Por lo tanto, es una responsabilidad alta y esa responsabilidad
alta da mucho compromiso. Ustedes —les dijo— son cuadros de la Revolución, ustedes
son cuadros del Partido».
«Y ¿cuál es el legado que podemos dejar a las futuras
generaciones? —preguntó—. Es el de ser capaces de llevar las transformaciones
adelante para que la Revolución salga adelante en uno de los momentos más
difíciles que ha vivido, en uno de los momentos donde con más saña el
imperialismo ha ido contra la Revolución.
Nosotros, ustedes, señaló el mandatario a las empresarias y
empresarios, tenemos que poder decirles a nuestros hijos, a nuestros nietos:
«Salvamos la Revolución porque fuimos creativos, porque fuimos valientes,
porque no nos rendimos, porque no nos doblegamos ante los designios del
imperio».
Y es por eso que a ustedes les corresponde asumir «la
autonomía con responsabilidad, no solo en el discurso, sino traducirla en
decisiones concretas que desaten en cada una de sus entidades las fuerzas
productivas».
EL
LIDERAZGO EMPRESARIAL HAY QUE CONSTRUIRLO
Sobre cómo desempeñar el liderazgo que le corresponde a las
y los empresarios del sistema estatal socialista cubano, Díaz-Canel Bermúdez
compartió con ellos varios elementos fundamentales:
«Uno, la preparación. Tiene que haber una preparación de los
cuadros. La preparación no es solo la de los seminarios, ni la de los
posgrados, ni la de los diplomados, que son vehículos importantes de la
autopreparación».
«En ese concepto de preparación hay que incluir el
fortalecimiento de la Junta de Gobierno y todos los equipos de dirección de
cada organización empresarial, porque vamos a procesos audaces, vamos incluso a
desarrollar algunos conceptos que no se habían aplicado en otros momentos».
Los equipos de dirección de nuestras empresas estatales
—agregó— «requieren miembros capacitados, de un funcionamiento adecuado de esos
órganos y no de una formalidad administrativa que sea un lastre para la
innovación, para el desarrollo y que desemboque en burocracia».
Otro elemento que deben poseer y asumir los cuadros «es el
cambio de mentalidad», aseguró el Presidente cubano en un análisis de las
relaciones entre los Organismos de la Administración Central del Estado, los
ministerios y las empresas a lo largo de los años.
Fueron relaciones que en determinados momentos históricos
eran necesarias y permitieron a la Revolución salir adelante, no sin errores de
los organismos, los ministerios y las empresas, pero el de ahora —afirmó
Díaz-Canel— también es otro momento histórico, por eso tenemos estas
transformaciones.
Aquellas relaciones —reiteró más adelante— tal vez
funcionaron en un momento, pero ahora no funcionan; ahora hay que ir a la
autonomía de verdad. Ahora hay que buscar la divisa y hay que exportar. Y hay
que buscar la divisa para que la empresa pueda tener combustibles —que ya «no
va a venir por la canalita»—, para poder comprar insumos, materia prima.
El mandatario se refirió también a los intercambios que ha
tenido en las últimas semanas con cerca de una veintena de equipos de dirección
de sistemas empresariales y de ministerios, en los que ha apreciado una
adecuada interpretación de las transformaciones.
«La gente está proponiendo e interpretando cómo aprovechar
bien las cosas». Y ahora, donde eso no sea así, hay que romper con la inercia,
hay que promover ese cambio de mentalidad; es por eso —les dijo— que insisto en
que ustedes tienen que ir a la base, a las entidades de los municipios, de las
provincias, donde todavía algunos dicen que no les han llegado orientaciones.
Pero esta actitud —denunció— es estar en la zona de
confort. No hay que esperar orientaciones. Las Transformaciones Económicas y
Sociales están aprobadas, 171 de ellas disponen de todos los contenidos de cómo
pueden implementarse, y hay más de 215 normas jurídicas que las aseguran.
O sea —argumentó—, si yo soy osado, si yo me he apropiado
del cambio de mentalidad que se necesita sin que nadie me oriente, ya yo
debiera estar analizando qué hacer o interpretando cómo voy a implementar las transformaciones
en mi entidad.
Sé —reconoció el Presidente de la República— que el cambio
de mentalidad tal vez constituya el proceso más engorroso, pero la propia vida
nos va a llevar con una celeridad tremenda a avanzar en ese cambio de
mentalidad.
En sus reflexiones sobre las que en su criterio deben ser
las cualidades fundamentales que deben tener los directores del sistema
empresarial estatal socialista cubano, el Primer Secretario del Comité Central
del Partido señaló también «el sentido de pertenencia» de la empresaria o el
empresario con su colectivo laboral, el asumir que forma parte intrínseca de
él.
«El principal activo, lo fundamental que nosotros tenemos
en la empresa son los trabajadores, que son los representantes genuinos del
pueblo. Ninguno de nosotros sabe más que todos nosotros juntos. Hay que
terminar de asumir en la dirección —dijo— el concepto de participación de los
trabajadores en la toma de decisiones».
Solo así nos vamos a equivocar menos, expuso Díaz-Canel,
resaltando la importancia de que el director de la empresa mantenga un
permanente intercambio con los trabajadores, como en aquellos colectivos donde,
a pesar de estar ganando tres mil o cuatro mil pesos, la gente se mantuvo en su
fábrica, en su empresa. Y lo han hecho —afirmó— porque en ese colectivo «hay un
sentido de pertenencia. Y esos trabajadores saben lo que hay que hacer para que
ese lugar salga adelante».
«Denle participación, no decidan nada sin consultar con los
trabajadores», demandó el Presidente. Y así verán —les avisó— cómo las
transformaciones se enriquecen, cómo se entienden mejor, cómo los trabajadores
las defenderán mejor y cómo se crea un mayor ambiente de cooperación, de
solidaridad, de defensa, de autoestima.
Esto que estamos diciendo —señaló Díaz-Canel— tampoco
quiere decir que en los procesos del país los trabajadores no han tenido
participación; todo lo contrario. De lo que estamos hablando es de una
participación más cotidiana, más diaria, en el centro laboral, en la empresa,
no solo de la participación en los grandes momentos.
Como cuarto elemento fundamental a asumir por empresarias y
empresarios del sistema estatal, el Jefe de Estado se refirió al concepto de
“responsabilidad social” y, dentro de ella, a la responsabilidad intrínseca del
director, que no se agota en el balance económico, en la gestión hacia lo
interno de su empresa.
Se refirió así a las posibilidades que ahora se tienen para
que las entidades destinen parte de sus utilidades no solo a aumentar salarios,
sino también a la ciencia y la innovación, a solucionar problemáticas de sus
colectivos, como vivienda y alimentación, entre otros estímulos dirigidos a
retener la fuerza laboral.
También se puede destinar parte de estos fondos a apoyar a
sus jubilados y jóvenes trabajadores; contribuir a la atención de personas en
situación de vulnerabilidad que viven en las comunidades donde está la empresa.
Pero esto —aclaró— no se puede “hacer a dedo”, sino que sea el colectivo de
trabajadores el que lo decida y así todos saldrán a defenderlo.
En otra arista de la responsabilidad social empresarial,
Díaz-Canel recordó que esta «no es un añadido filantrópico, sino que es parte
constitutiva del encargo de la empresa estatal socialista».
LA
EMPRESA A LA VANGUARDIA DEL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN
«La dirección del Partido, el Gobierno y el Estado han
ratificado su plena confianza en la capacidad del sistema empresarial estatal
socialista para aportarle al país lo que el país necesita», señaló en otro
momento del diálogo con los directivos el Primer Secretario del Comité Central
del Partido y Pesidente de la República.
«Pero esa confianza se corresponde con una exigencia: los
directores deben estar a la vanguardia del proceso de transformación y no a la
retaguardia de la resistencia. Ustedes son los que tienen que romper la
resistencia que pueda existir hacia las transformaciones», señaló al exponer el
papel que el país espera de las empresas en las transformaciones.
De la empresa estatal socialista esperamos, les comunicó:
«que comprendan que son protagonistas de la producción y la eficiencia; y que
se ejecute el plan con eficiencia, reduciendo costos, mejorando calidad e
incrementando productividad».
«Que sean generadores de divisas, que produzcan también
para exportar, para desarrollar el turismo, para aprovechar las posibilidades
que tenemos de exportar servicios al exterior, que sean abanderados en la
sustitución de importaciones, y que sean capaces de producir lo que hoy el país
compra».
Al analizar el desafío que plantea esta filosofía y defender
la necesidad de asumirla, el Presidente explicó que para ello lo que se
necesita es «tener un poco de audacia».
Esto es algo que ya hemos hecho, señaló, tomando como
ejemplo la estrategia para enfrentar la pandemia de COVID-19, que facilitó que
nuestros científicos lograran cinco candidatos vacunales, tres de ellos
convertidos en vacunas efectivas, casi sin financiamiento en comparación con
los miles de millones de dólares que invirtieron países desarrollados sin
alcanzar ningún resultado.
«Con el talento que hay en el país y con la capacidad
instalada —incluso con tecnología que puede ser obsoleta, pero que con innovación
se puede actualizar—, este país es capaz de producir cualquier cosa», expresó firmemente
Díaz-Canel Bermúdez.
«Cuando uno ve el talento que hay por ahí, lo que logran,
lo que se proponen, los sueños que hay en no poca gente, aquí se puede hacer cualquier
cosa. Pero para eso tenemos que terminar de desatar las fuerzas productivas»,
reconoció.
Ahondando en el papel que se espera desempeñe la empresa
estatal socialista en el proceso de transformaciones, Díaz-Canel expuso que
también se espera que sea el puente con el sector no estatal.
La empresa estatal socialista —indicó— tiene que «aprender
a trabajar con el sector no estatal, con los trabajadores por cuenta propia,
con las Mipymes no estatales, con ese sector privado que nos complementa».
Pero esto —según el análisis que ofreció el mandatario—
tiene que hacerse con inteligencia y responsabilidad. Tiene que ser un negocio
donde todos ganen, tanto el actor económico estatal como el no estatal, pero
partiendo de que contribuya al desarrollo de la empresa, a producciones
cooperadas, entre otros beneficios, a partir del aporte de cada parte.
Tras desarrollar otras tesis sobre el papel que se espera
juegue la empresa estatal en las transformaciones, como la de convertirse en
«laboratorio» de estas aplicando en ellas, antes que en otro lugar, los cambios
más arriesgados, el mandatario reiteró su premisa de que si el sistema
empresarial socialista «no las asume, las transformaciones se quedarán en el
papel».
«Las transformaciones —insistió— se implementan en cada
planta, en cada fábrica, en cada puesto de trabajo, en cada decisión del
colectivo de dirección y en lo que haga y aporte cada trabajador».
PAPEL
SOCIAL DE LA EMPRESA ESTATAL SOCIALISTA
En el intercambio, el Primer Secretario retomó la misión social
de estas, porque nuestras empresas —sentó como base— tienen «una
responsabilidad social por la cual responder1».
«Una empresa estatal socialista en las condiciones de
construcción socialista en Cuba —definió— no es solo una unidad económica, es
una unidad social. En la empresa hay relaciones sociales entre los
trabajadores, entre los colectivos. En ellas asumimos una responsabilidad
social, y asumimos una responsabilidad y una obligación ante el pueblo.
«La empresa estatal está representando la propiedad del
pueblo y pone esa propiedad del pueblo en función del beneficio de la nación y
el beneficio del pueblo. La transformación social también se mide en la vida de
los trabajadores, de sus familias, y al final se está midiendo en el pueblo.
«Una empresa que produce, pero descuida a su gente, no se
está transformando —aseguró—. Al contrario, está agotando su capital más
valioso, que son sus trabajadores. Y de eso estamos llenos de buenos ejemplos y
malos ejemplos. Y es de las cosas que exigen que hay que romper la mentalidad.
Y por eso —añadió— es importante la participación del trabajador.
En una empresa donde el trabajador está participando, deja
de ser mano de obra y se convierte en sujeto de la transformación, definió
Díaz-Canel, y es por eso —explicó— que «es tan importante la relación que
tenemos que tener entre colectivos de dirección y de trabajadores para impulsar
las transformaciones».
ALERTAS
ANTE LAS TENDENCIAS NEGATIVAS
Díaz-Canel Bermúdez analizó también las tendencias
negativas que pueden retrotraer el proceso de implementación y desarrollo de
las transformaciones en el sistema empresarial estatal socialista.
Urgió así a enfrentar «la burocracia y el inmovilismo.
Evitar que haya directivos que esperen instrucciones o que copien planes del
año anterior (…). Enfrentar la ineficiencia, las pérdidas, el mal uso de los
recursos y de la energía». Y demandó rechazar el ausentismo y la indisciplina,
porque —planteó— «el que no trabaja no puede compartir el mismo resultado del
que sí trabaja».
Demandó asimismo la transparencia que debe existir en todo
momento sobre el uso y destino de los activos de que dispone la empresa. Esos
destinos —exigió— deben decidirse colectivamente y evitarse manifestaciones de
amiguismo, clientelismo y favores, que lo único que hacen es generar
corrupción.
Llamó a «enfrentar la zona de confort, que es la costumbre
de producir poco y quejarse de todo». Evitar la desconexión con el colectivo;
la dirección que no baja a la producción, que no conoce a su gente, no va a
lograr buen resultado en las transformaciones.
Díaz-Canel denunció firmemente lo que denominó «la gestión
por quejas», como achacar la culpa de los problemas a la macroeconomía, al
bloqueo y otras justificaciones sin mirar la gestión interna.
COMPROMISOS
A ASUMIR POR LAS DIRECCIONES EMPRESARIALES
En el resumen de sus palabras, el Primer Secretario del
Comité Central del Partido y Presidente de la República pidió a las directoras
y directores del sistema empresarial estatal hacer suyos los compromisos
derivados del seminario en el que habían participado.
Lo primero —les dijo— es «asumir la autonomía como
responsabilidad y no como pretexto para no hacer las cosas. Buscar soluciones
propias en la articulación con los demás actores económicos.
«Y sostener firmeza política e ideológica frente a las
distorsiones del mercado, sin confundir autonomía con abandono de principios
socialistas, y evaluar por resultados concretos y no por cumplimientos
formales».
Los exhortó a convertir cada empresa en un espacio de
aprendizaje colectivo con los trabajadores; a elevar la productividad y la
eficiencia, porque el costo de producción sigue siendo alto en muchas empresas;
y a rechazar la formación de precios a partir de los gastos, porque con estos
se puede estar ocultando la ineficiencia, y la ineficiencia la paga el pueblo.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/11/empresa-de-materias-primas-de-la-habana.html
Por
René Tamayo León – tomado de Tribuna de La Habana
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