Fernando Ortiz: hombre-nación, hombre-Cuba

Fernando Ortiz: hombre-nación, hombre-Cuba


La sobrehumana y multiubícua movilidad de las grandes personalidades intelectuales de la República deja sin aliento al periodista cuando tiene que hacer una semblanza de sus vidas y obras, y, en este sentido, don Fernando Ortiz bate récords, con amplio currículum de cargos, responsabilidades, viajes, interacciones sociales, obras y reconocimientos realizados.

Su formación, de corte renacentista humanista, le permitió desempeñarse en muy disímiles territorios de la cultura. Fue etnólogoantropólogojuristaarqueólogoperiodista, criminólogo, lingüista, musicólogo, folclorista, economista, historiador y geógrafo. Bien merecido tuvo el calificativo de polímata, más que ninguna otra figura del arte, la literatura o el pensamiento en la Cuba republicana. ¿Émulo de Leonardo Da Vinci? Equiparable en todo caso, su biografía cobra los tintes de una intensa aventura.

Nacido en La Habana el 16 de julio de 1881 y fallecido en la misma ciudad el 10 de abril de 1969, Ortiz pareció vivir las vidas de 10 personas a la vez. Vástago de una familia pudiente, a los dos años de edad fue enviado a la isla de Menorca al cuidado de la familia materna. Allí se graduó de bachiller, y en 1985 regresó a La Habana, donde matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana.

En 1998, viajó a Barcelona para obtener la licenciatura en Derecho, y en 1901 obtuvo el título de doctor en Derecho en Madrid. De Barcelona viajó a Italia, cuna por aquel tiempo de la Escuela de Criminología, fundada por el gran criminólogo Cesare Lombroso.

No sé si el cubano llegó a conocer al maestro, pero se formó en su enseñanza. Regresó a Cuba, pero de inmediato fue enviado a Europa como Cónsul de La Coruña, Génova y Marsella. Tenía unos escasos 20 años. Pronto fue nombrado secretario de la embajada de Cuba en París, donde no permaneció mucho tiempo antes de regresar a La Habana, donde ejerció por tres años como abogado fiscal en la Audiencia capitalina, hasta que en 1909 obtuvo la plaza de profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en cuyas aulas impartió por espacio de nueve años las asignaturas de Derecho Constitucional y Economía Política.

Fue miembro del Grupo Minorista y se relacionó con intelectuales y artistas de renombre, como Juan Ramón JiménezFederico García LorcaNicolás GuillénWifredo LamAlejo Carpentier, Rita Montaner, María Zambrano y Fernando de los Ríos.

Su oposición visceral a la dictadura de Gerardo Machado lo obligó a exiliarse en Washington, donde permaneció desde 1931 hasta 1933, y siempre se mantuvo denunciando la situación política de Cuba.

No cabe en una semblanza, en realidad casi un obituario, un despliegue más detallado de las actividades de Ortiz. Más interesante me parece intentar un acercamiento a su persona para poder, de alguna manera, imaginar cómo fue ese hombre que, aún para sus contemporáneos, revestía un aire extraño, como de otro siglo. Miguel Barnet, quien durante años trató de entrevistarlo, cuando al fin lo consiguió, dejó plasmada esta imagen, volátil como las figuras temblorosas y casi inmateriales que vemos a través del vapor de una hoguera, pero es lo más que podremos conseguir del personaje, dada la distancia temporal y la infranqueable barrera de la muerte.

“El acento catalán me pareció significativo. Aquel cubano de tan enraizada estirpe nacionalista, tan gustador del refranero, tan conocedor del folclor popular, hablaba como todo un hidalgo español. Esto no hacía más que darle un tono de cosmopolitismo y gracia a su conversación y denotaba una educación y una formación muy complejas. Su tono, desprovisto de empaque, coloquial y casi íntimo lo hacía humano, lo acercaba a su interlocutor. Hablaba bajo, casi susurraba. No daba órdenes, sino que sugería, observaba, acotaba en justa sapiencia. Y sus preguntas eran siempre: “¿cómo ve usted esta idea?, ¿qué cree usted de tal o cual cosa?, ¿estaría usted de acuerdo con calificar este hecho así?”.

Para quienes nos empeñamos en el conocimiento de la persona humana, la forma de hablar es un dato sumamente importante, y en el caso de Ortiz sus largos años de residencia en Menorca, isla conquistada y poblada por catalanes, le habían dejado en su habla un acento marcadamente catalán, un poco gutural y engolado. Seguramente era esta pincelada la que ponía al cuadro orticeño los colores de “caballero español”. Entiendo a Barnet cuando escribe en esa misma entrevista que Ortiz lo intimidaba.

Don Fernando ha merecido de la posteridad el sobrenombre de Tercer descubridor de Cuba, habiendo sido el primero el gran almirante Cristóbal Colón y el segundo el naturalista alemán Alejandro de Humboldt, pero esto es ya cosa muy dicha. Fue el creador del concepto transculturación, que, concebida como proceso, “es la denominación con la que enriqueció el cuerpo teórico de la Antropología cultural al estudiar la conformación de la nacionalidad cubana como resultante de una mezcla de culturas y extensible a otras regiones del continente”.  O para enunciarlo de un modo más simple: Es la recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias. Este fue su gran aporte a la antropología social. (Gina Picart Baluja. Foto: Universidad de Ciencias Médicas de Holguín)

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FNY

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