Al pasar revista a música cubana y el jazz latino, no muchos nombres despiertan tanta fuerza y admiración como la del habanero Luciano Pozo González, para la eternidad Chano Pozo.
Y es que su
energía, virtuosismo y carisma con el tambor no solo transformaron la manera de
interpretar la percusión en La Mayor de las Antillas, sino que proyectaron los
ritmos afrocubanos al mundo entero.
Su vida,
intensa y breve, fue un constante diálogo entre tradición, innovación y pasión,
en tanto su legado permanece como ejemplo de cómo un músico puede encender el
corazón de dos culturas musicales a la vez.
Chano Pozo
nació el 7 de enero de 1915 en La Habana, en un entorno humilde, rodeado de los
ritmos populares que circulaban en los barrios de la ciudad. Desde muy joven
mostró un talento extraordinario para la percusión y la rumba, aprendiendo en
la práctica de comparsas callejeras y rituales afrocubanos.
Su familia
también tuvo un papel fundamental en su formación musical: Chano fue medio‑hermano del célebre trompetista Félix Chappottín, una relación
que no implicaba compartir ambos padres, pero sí un vínculo de sangre estrecho
y significativo que marcó la vida musical de ambos.
Esa conexión
ayudó a Chano a integrarse tempranamente en círculos musicales importantes,
reforzando su pasión y conocimiento del son cubano y otros géneros populares.
Durante las
décadas de los años 1930 y 1940, Chano Pozo se consolidó como un referente de
la percusión cubana, destacando en comparsas y conjuntos de carnaval. Su
virtuosismo llamaba la atención: podía mantener complejos polirrítmicos con una
claridad y energía que asombraban al público y a otros músicos.
Una de las
anécdotas más recordadas de su carrera ocurrió al llegar a Nueva York en 1947,
cuando el trompetista Dizzy Gillespie quedó fascinado con su interpretación de
las congas y lo invitó a unirse a su orquesta. Allí co-creó piezas
fundamentales como “Manteca” y “Tin Tin Deo”, obras que fusionaron las
sonoridades afrocubanas con el bebop estadounidense y sentaron las bases del
jazz latino.
Chano Pozo
falleció trágicamente el 3 de diciembre de 1948 en Nueva York, a los 33 años,
pero su influencia sigue viva. Transformó la manera de tocar las congas, acercó
los ritmos cubanos al jazz internacional y dejó una herencia musical que todavía
inspira a percusionistas y músicos de todo el orbe. Su vida nos recuerda que el
talento, la pasión y la herencia familiar pueden converger para crear un legado
eterno.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2025/12/homenaje-al-maestro-frank-fernandez.html
(Con información
de Katia Camejo Montpeller – Radio Cadena Habana)
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