En la bulliciosa Calle Obrapía, a pocos pasos de las emblemáticas plazas de Armas y San Francisco, se encuentra una casona colonial que es mucho más que un hotel. El Hostal El Comendador, una joya arquitectónica del siglo XVIII, es un lugar donde la historia habita en cada rincón, literalmente bajo los pies de sus visitantes. Este alojamiento, gestionado por la Oficina de la Ciudad Histórica de La Habana, no solo ofrece descanso al viajero, sino una inmersión única en las capas superpuestas del tiempo, custodiando un secreto arqueológico que lo hace excepcional.
El nombre del hostal rinde homenaje a su ilustre morador del siglo XIX: Don Pedro Regalado Pedroso y Pedroso (o Zayas, según las fuentes), un hombre de posición que sirvió como Prefecto de la Orden de Carlos III y Comendador de la Orden de Isabel la Católica. Sin embargo, la historia del inmueble es anterior y más rica en usos. Desde su construcción, este edificio de estilo hispano-mudéjar, característico de las casas más antiguas de la ciudad, fue testigo de la vida habanera en sus múltiples facetas.
Con el tiempo, su planta baja se adaptó para funcionar como una posada, albergando una cantina y una tienda de cigarreros, mientras que la planta superior servía de oficinas y dormitorios. Esta vocación por la hospitalidad, iniciada hace siglos, encuentra su continuación perfecta en su función actual. El proceso de restauración capital que dio vida al hostal moderno fue meticuloso y revelador, guiado por un firme compromiso con la autenticidad y la preservación.
Durante esos trabajos de restauración, investigadores del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad realizaron excavaciones en el sitio. Su objetivo era conocer más sobre la vida de la familia Pedroso y las sucesivas ocupaciones del lugar. Lo que descubrieron fue tan significativo que se decidió integrarlo permanentemente en la experiencia del hostal. Así nació el “Salón de Arqueología”, la singularidad más destacada de El Comendador.
Este espacio especial conserva y exhibe los hallazgos realizados in situ. A través de una “ventana arqueológica” o un cristal protector, los huéspedes y visitantes pueden contemplar los restos de una antigua letrina excavada y otros vestigios que hablan de la vida cotidiana en la vivienda colonial. Es una cápsula del tiempo que permite asomarse a los estratos materiales de la historia habanera, haciendo tangible el pasado en el mismo lugar donde ocurrió.
La arquitectura del hostal refuerza esta conexión con otra época. Con techos altos de más de seis metros, patios interiores que ofrecen un oasis de tranquilidad y una decoración sobria que combina muebles de estilo renacentista y colonial con piezas originales del patrimonio cubano, la atmósfera es de solemne elegancia. Las 14 habitaciones, entre suites, sencillas y dobles, están equipadas con comodidades modernas como aire acondicionado, pero conservan detalles clásicos como camas de hierro forjado y postigos que se abren a las calles adoquinadas.
Desde algunos de sus balcones se disfruta de la brisa que llega desde el cercano puerto y de vistas al Jardín de la Princesa de Gales, completando una experiencia sensorial completa. Para el paladar, el hostal cuenta con el Mesón Onda, un bodegón que reproduce fielmente una taberna española rústica, famoso por sus tapas tradicionales preparadas con chorizo, pimienta y otros manjares, perfectas para acompañar con una jarra de cerveza fría o un vino selecto.
Más allá de su encanto y comodidad, El Comendador encarna un modelo de turismo sostenible y comprometido con la cultura. Al estar gestionado por la Oficina de la Ciudad Histórica, todos los beneficios generados por el hostal se reinvierten directamente en la restauración y conservación del Centro Histórico de La Habana. Esto significa que cada huésped que se aloja aquí contribuye activamente a la preservación del patrimonio que viene a disfrutar, cerrando un círculo virtuoso de cuidado y apreciación.
El Hostal El Comendador es, por tanto, mucho más que un lugar para dormir. Es una residencia histórica que narra su propia historia, un museo vivo que exhibe sus cimientos y un proyecto cultural que asegura su futuro. Ofrece una experiencia única donde el lujo no se mide en opulencia, sino en autenticidad; donde el descanso viene acompañado del descubrimiento, y donde la hospitalidad del presente es un puente directo hacia el fascinante pasado colonial y republicano de La Habana.
Por Gina Picart
SST JCDT