La ciencia en su constante avance ha demostrado que la enfermedad renal crónica (ERC) transcurre de forma silenciosa y empieza a presentar síntomas cuando ya está en una fase avanzada.
Reconoce que esta ocasiona la pérdida gradual de la función
del riñón, que en circunstancias normales regula el equilibrio del agua y las sales
de los ácidos, elimina las toxinas y produce hormonas necesarias al organismo.
No es muy conocido que para el paciente existe una senda
por recorrer antes de acudir al tratamiento sustitutivo de la función renal que
son la diálisis y el trasplante del órgano. Ese camino comienza en la atención
primaria de salud.
Del tema habla el doctor Guillermo Guerra Bustillo,
profesor consultante y jefe del Grupo Nacional de Nefrología, quien resalta los
factores protectores del riñón y la prevención enfocada en el manejo adecuado
de los elementos de riesgo.
En Cuba —precisa—, la ERC afecta al 9,6 % de la población
adulta, al 13,2 % de los diabéticos y la desarrolla el 9,2 % de los hipertensos.
Están más expuestos los mayores de 60 años.
Explica que cuando aparece en los jóvenes se asocia con
afecciones que dañan la nefrona, que es por donde se filtra la sangre, por el
abuso de tóxicos y el consumo de drogas.
El experto enfatiza en los riesgos de daño renal y
cardiovascular en el ambiente laboral, en el caso de los primeros se relacionan
con la exposición a productos químicos. Y destaca la importancia de velar por
la salud de los trabajadores mediante chequeos periódicos.
La mujer, durante su etapa fértil, tiene la protección de
los estrógenos pero cuando pasa de los 55 años le puede ocurrir lo mismo que a
los adultos mayores en cuanto a la incidencia de las enfermedades crónicas y en
este caso la renal, alerta el especialista.
La afección se desarrolla en cinco etapas y si es
diagnosticada temprano en los estadios 1 y 2 deja de transcurrir
silenciosamente ante las sospechas del médico de la familia cuando en su
paciente se presentan los factores de riesgo principales: la diabetes mellitus
y la hipertensión, además de la obesidad y los pone bajo control.
También si le da seguimiento a otro desencadenante como es la enfermedad
cardiovascular y no pierde de vista la afección renal litiásica, o sea, los cálculos
en el riñón que provocan cólicos nefríticos. Investiga también si hay
antecedentes familiares de la enfermedad ya que el factor genético es
importante.
Entre los análisis que permiten descubrir oportunamente el
mal en esa pesquisa activa de la atención primaria, precisa el doctor Guerra,
están el examen de creatinina en sangre; estimar su filtrado glomerular que
determina cómo los riñones filtran la sangre, para lo cual el galeno cuenta en
su celular con una aplicación denominada Calcre; detectar pérdidas de albúmina
en la orina y alteraciones del sedimento. Si el facultativo lo considera,
indica un ultrasonido.
Al encontrar un daño en el órgano solicita el criterio de
un nefrólogo. La relación entre ambos especialistas debe ser bidireccional.
Es fundamental que el médico de la familia dé a conocer los
llamados factores protectores del riñón como son beber por lo menos dos litros
de agua al día, reducir el consumo de sal, llevar una dieta saludable
consistente en frutas y vegetales, consumir proteínas bajo control, disminuir o
eliminar la comida chatarra y los alimentos ultraprocesados.
Se recomiendan más los ejercicios de fuerza: pesos, cintas
elásticas, planchas, barras, etc., por supuesto, adecuados a la condición del
paciente. Además son útiles las caminatas.
La nefrología del siglo XXI es más integrativa, de mayores
alianzas, valora el jefe del Grupo nacional de la especialidad. Antes se
pensaba solo en el riñón, ahora se centra en la salud general del paciente.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/01/cuba-apuesta-por-escudo-inmunologico.html
(Con información de Alina Martínez Triay – periódico Trabajadores)
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