El boceto que preparó, con una semana de antelación, ocupa
apenas una hoja en blanco que sostiene en su mano. Frente a él, se alza una
pared de tres metros de alto y 60 de ancho que planta cara al artista como si
quisiera darle pelea, como si fuera consciente del reto que representa.
A Robertón, como le llaman los amigos, le gustaría pensar
que aquello será un mural más, pero en el fondo sabe que nunca se ha enfrentado
a un espacio tan grande. Aunque, lo que para algunos sería un trabajo colosal,
para él es un sueño cumplido, porque si pudiera pintaría cada barrio de La
Habana, como si la ciudad entera fuera un lienzo en blanco.
Cuando empezó a pintar, el artista iniciaba su proceso
creativo marcando líneas, hasta darle forma al boceto, y luego pintaba encima.
La experiencia ya le permite crear la imagen a base de colores, de manera tal,
que pareciera que la pared cobra vida con cada trazo.
Usualmente termina sus murales en una jornada o dos, pero
con este es consciente de que le esperan cinco largos días por delante, 60
horas de trabajo en las que deberá aprovechar la luz natural antes de que el
barrio quede a oscuras, porque la luz es lo más importante para un artista
visual.
Los vecinos de Vía Blanca y Serrano, en el municipio de
Diez de Octubre, observan al artista con curiosidad. Le preguntan que cuánto
gana por esa «pincha». Robertón les responde que hay trabajos que no tienen
precio, mientras continúa impasible. En su casa hace tres días que no entra
agua, el apagón no le deja terminar los encargos con los que se paga los
frijoles, pero ahí está, de pie, bajo el sol, dándole guerra a una pared,
haciendo arte.
«Cuando se hace lo que a uno le gusta, el tiempo pasa
volando», y así fue. Al atardecer del quinto día, lo que antes era una calle
más, ahora provoca que los vehículos aminoren la marcha mientras los curiosos
miran por las ventanillas, que las parejas se tomen fotos, que los turistas les
hagan preguntas a sus guías.
El barrio no solo luce hermoso, sino que se siente más seguro, más tranquilo, como si el arte lo hubiese liberado de su rutina diaria, como si bastara un dibujo en una pared para empezar a cambiar el mundo.
Roberto Bess González desmonta su escalera. Recoge las brochas, los pinceles, el spray. Tiene pintura en la cara. Le pesan las rodillas, los brazos y los hombros. Le cuesta girar el codo. Pero la pared de tres metros de alto y 60 de ancho no pudo con él; ahora necesita un reto más grande, un rival a la altura de su arte.
Como mismo lo vieron llegar, los vecinos lo ven marcharse, mientras carga con sus herramientas. El artista desaparece tras una esquina, pero su obra quedará allí durante años, al alcance de todos, como la prueba tangible de que estuvo ahí.
El mural en cuestión forma parte de la segunda edición del
Festival Generarte, un proyecto de arte urbano creado por el artista visual
Javier Agudo Durán, quién, además, es director del proyecto de desarrollo local
Arte 92, una iniciativa para transformar barrios vulnerables y acercar la pintura
a niños y adolescentes.
En esta iniciativa participaron artistas de Cuba, Alemania,
Venezuela y Chile, para realizar un mural conjunto que abarcó aproximadamente
400 metros, en el que confluyeron estilos y técnicas diferentes, para crear una
experiencia visual única, cuyo fin principal era que sirviera de regalo para la
comunidad en la cual se realizó.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/05/la-habana-promueve-oficina-del.html
(Boris
Luis Alonso Pérez - Granma)
JCDT

