En el complejo contexto económico que vive la nación cubana, culminar el curso escolar es otra victoria de nuestra nación.
Con adecuaciones, interrupciones y
alternativas de soluciones prácticamente improvisadas se logró culminar el
curso que inició en dos mil 25 y concluye este dos mil 26.
Muchos fueron los desvelos de maestros,
directivos, padres y alumnos quienes tuvieron que enfrentar molestos cortes de
electricidad, calor sofocante en aulas con poca ventilación y limitados de
utilizar las tecnologías que apoyan a modo casi de imprescindibles en algunas
materias, para poder apropiarse de los conocimientos.
El curso escolar que recién concluye en
todo el país, demuestra la valentía del pueblo cubano, su decisión de enfrentar
el criminal bloqueo que impone el gobierno de los Estados Unidos, quienes
arremeten con su política de asfixia energética, buscando provocar un estallido
social en contra de nuestra institucionalidad.
Ahora inicia el período vacacional, una
etapa que por consecuencias directas de la situación de crisis actual, tiene
que reinventarse y lograr movilizar a niños y jóvenes en actividades de
recreación sanas.
Los espacios deportivos en cada barrio
tienen que lograr atraer ese segmento de la población para insertarlos en roles
con beneficios para la salud y al esparcimiento de la mejor forma posible.
Cada Consejo Popular tiene que explotar
sus propios recursos en función de proporcionar durante estos casi tres meses
la mejor estancia en el barrio, donde se convine el deporte, la cultura y las
buenas prácticas sociales entre los más jóvenes de la comunidad.
Somos un archipiélago con múltiples opciones de accesos a playas, ríos y entornos naturales entre otros; fortalezas y ventajas de un país que decidió su propio destino defendiendo por encima todo, las conquistas sociales alcanzadas por la Revolución.
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Texto: Onoides Díaz Hernández
