A propósito de la celebración de aniversario 115 más del natalicio de Ignacio Jacinto Villa Fernández, Bola de Nieve (1911-1971), autoridades del Instituto Cubano de la Música (ICM) y del Ministerio de Cultura rindieron homenaje al cantor, en la tumba donde reposan sus restos en Guanabacoa, la ciudad que lo vio nacer.
Asistieron al acto el etnólogo, poeta, escritor e
historiador Miguel Barnet; la poetisa e investigadora Nancy Morejón, Premio
Nacional de Literatura 2001; Indira Fajardo, presidenta del ICM, y
personalidades locales encabezadas por Cecilia Valdés, directora municipal de
Cultura, entre otros.
Hace 55 años vinimos aquí y yo cumplí lo que tú me pediste;
cuando escribí el poema "Oriki para Bola de Nieve", te lo entregué en
el Monseñor y me dijiste, son mis huesos, mis pellejos, mi sangre, dijo Barnet
al colocar una ofrenda floral sobre la tumba.
Ensalzó Barnet cómo se han mantenido a lo largo de los
años, la voz original y única, que junto a la manera de ejecutar el piano han
pasado a la inmortalidad.
Déjame decirte que no te olvidamos, y que ni la paz de los
sepulcros te va a dar paz, pero por tu culpa, porque fuiste un artista tan
grande que has pasado a la posteridad; felicidades por tu obra y gracias por el
legado que nos dejaste, expresó el amigo e intelectual colocando su mano sobre
la loza.
Visiblemente emocionada, Morejón, quien también prodigaba
al Bola los afectos de una amistad sincera, y quien estuvo presente aquel día
en que Nicolás Guillén (1902-1989) hizo la despedida de duelo y Barnet colocó
su poema sobre el féretro, citó elogios que recibiera el artista en varios
momentos.
Primero trajo el recuerdo de Andrés Segovia, quien dijo que
escuchar al Bola era asistir al nacimiento conjunto de la palabra y la música;
luego citó a Alejo Carpentier (1904-1980), quien aseguró que "Bola de
Nieve nos pone a todos de acuerdo, evidentemente; pero ha tenido, por encima de
eso, el talento necesario para ponerse de acuerdo con todos los pueblos del
mundo".
Finalmente, la profunda e inspirada mujer recordó cierta
ficha biográfica que hiciera Guillén para significar la existencia del simpar
cubano: "Bola de Nieve, de nombre Ignacio Villa, famoso pianista y
cantante negro, nacido en Guanabacoa, provincia de la Habana; hijo de Domingo,
pero sobre todo de Inés".
De Guanabacoa —cuna de otros prominentes artistas como
Ernesto Lecuona (1895-1963) y Rita Montaner (1900-1958); tierra adoptiva del
reglano Juan Arrondo (1914-1979)—, Bola de Nieve solía decir que no podía estar
demasiado tiempo alejado de ella, porque llevaba a la Villa en su alma, como la
jicotea su carapacho.
Fallecido en México de tránsito hacia la capital peruana,
el 2 de octubre de 1971, sus restos mortales fueron traídos a Cuba tres días
más tarde en un ataúd plateado —a su terruño guanabacoense—, y en aquella
ocasión, al sepultar el cuerpo del carismático "Chevalier cubano",
Guillén expresó:
“Todo el mapa de nuestra América le pertenecía. Europa le
tuvo más de una vez en su seno, pero él salió incólume de esa tremenda prueba.
Ni París, que le aplaudió con frenesí, pudo vencerle o conquistarle. Triunfador
será como siempre lo veremos. Bola con su piano, Bola con su frac en las
grandes noches de mundana etiqueta. Bola con su sonrisa y su canción”.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/08/festival-timbalaye-cierra-en-grande-en.html
(Alain
Amador Pardo - ACN)
