La destrucción sistemática de la infraestructura civil y
energética iraní, y la creciente desesperación de los agresores ante la cada
vez más eficaz resistencia del pueblo persa han elevado la probabilidad de un
evento nuclear a niveles nunca antes vistos en Oriente Medio.
El máximo líder cubano, Fidel Castro Ruz, advirtió en
reiteradas ocasiones sobre los peligros de una guerra nuclear, particularmente
en el contexto de un posible conflicto en esa región que involucrara una agresión
de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Fidel no albergaba dudas de que un ataque coordinado de
ambas naciones contra la República Islámica podría escalar hasta el uso de
armas atómicas, con consecuencias catastróficas para la vida en el planeta.
La pregunta ya no es si existe el riesgo, sino bajo qué
condiciones se materializaría y qué forma tomaría. El plan de guerra relámpago
sionista-estadounidense fracasó. El asesinato de la máxima dirección del país,
lejos de amedrentar y dividir al pueblo iraní, lo ha unido más.
No hay protestas contra el gobierno. Muchos de los que un día
se lanzaron a las calles hoy combaten en defensa de su patria. Ciudadanos que
vivían en el extranjero, incluso opositores, han regresado para incorporarse a
la lucha contra la agresión.
Durante décadas, la doctrina iraní se basó en la llamada «paciencia
estratégica»: enriquecer uranio sin cruzar el umbral. La fatwa del líder
supremo de la República Islámica de Irán, ayatolá Alí Jameneí, contra las armas
nucleares fue el pilar de esa contención, pero cabe preguntarse: ¿esa fatwa
murió con él el 28 de febrero?
Irán ha sido bombardeado dos veces en medio de
negociaciones por dos Estados con armas nucleares. Debemos tener presente que,
antes de la guerra, Irán poseía 400 kg de uranio enriquecido al 60 %, material
suficiente para fabricar entre 10 y 12 artefactos nucleares.
Mientras tanto, la entidad sionista mantiene oficialmente
una política de «opacidad nuclear», pero posee un arsenal estimado entre 90 y
400 cabezas nucleares, desplegadas en tríada: aire (F-35 y F-15), mar
(submarinos clase Dolphin) y tierra (misiles Jericó).
Las fuerzas de EE. UU. e Israel han atacado sistemáticamente
las instalaciones nucleares iraníes desde el inicio de la guerra, por lo que el
riesgo de accidente nuclear es sumamente preocupante: un misil impactando en
las instalaciones de Dimona o en una planta de energía iraní, podría generar
una explosión radiológica de gran magnitud, desatando una escalada incontrolable.
El reloj corre, la quinta semana de guerra ha demostrado
que Washington y Tel Aviv no tienen una estrategia de salida clara. Desde
Estados Unidos se ha dicho que la guerra terminará en dos o tres semanas, pero
las amenazas de atacar infraestructura civil –puentes, plantas eléctricas,
refinerías– indican lo contrario.
La guerra ya ha matado a miles de personas; una explosión
nuclear, incluso accidental, marcaría un punto de no retorno para la civilización
humana.
https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/04/diaz-canel-newsweek-cuba-es-un-pais-de.html
(Raúl Antonio Capote - Granma)
JCDT – YRV – SST
