La historia de una ciudad que aprendió a ordenar coches, tranvías y autos

Tranvías en La Habana. Foto: www.sancristobal.cult.cu
La Habana de principios del siglo XX era una ciudad vibrante pero caótica. Por sus calles angostas convivían tres tipos de vehículos muy distintos. 

Los coches de caballos y carretones de tracción animal eran los más antiguos. Los tranvías, primero tirados por caballos desde 1862, se volvieron eléctricos en 1901. Y los automóviles, recién llegados en 1898, crecían en número cada año. 

Esta mezcla provocaba accidentes, atascos y una creciente necesidad de regulación.

La pregunta sobre cuándo aparecieron las primeras señales de tránsito tiene varias respuestas, dependiendo de si hablamos de semáforos eléctricos, señales manuales o carteles verticales. 

El primer semáforo en La Habana se instaló en la esquina de Prado y Neptuno. Algunas fuentes sitúan este hecho en 1914, con un aparato de la marca Eagle. 

Doce unidades de ese modelo se colocaron en distintos puntos de la capital. Sin embargo, otras investigaciones afirman que fue recién en 1930, cuando se puso en funcionamiento continuo el primer semáforo en el mismo lugar. 

Sea cual sea el año exacto, Cuba fue pionera en América Latina en esta tecnología. Para comparación, Perú instaló su primer semáforo en 1926 y Colombia en 1929.

Antes de los semáforos eléctricos ya existían otras formas de señalización. En las esquinas más transitadas, policías de tránsito regulaban el flujo manualmente. 

Usaban sombrillas metálicas de colores y banderas para detener o dejar pasar. Este sistema de “semáforos humanos” era común en las décadas de 1920 y 1930. 

Los agentes se ubicaban en plataformas elevadas para ver mejor el tráfico. La presencia de tranvías complicaba aún más la tarea, pues no podían detenerse rápido. Los coches de caballos, por su parte, eran lentos pero ocupaban mucho espacio. 

Los automóviles, cada vez más numerosos, exigían respuestas más ágiles.

El primer automóvil llegó a La Habana en diciembre de 1898, un Parisiense francés. En 1901 ya circulaban once automóviles por las calles habaneras. 

Para 1913, la cifra superaba el millar en toda la isla, y en 1916 eran más de tres mil. Los tranvías eléctricos empezaron a funcionar el 22 de marzo de 1901. 

Pronto se convirtieron en el medio de transporte masivo más eficiente, pero sus rieles y cables aéreos añadían peligro para los demás vehículos. 

El primer accidente automovilístico registrado en Cuba ocurrió en 1906 en la esquina de Monte y Ángeles, donde el auto del presidente Estrada Palma atropelló mortalmente a un peatón. La falta de señales era evidente.

Además de los semáforos y los agentes, comenzaron a aparecer señales verticales. En 1909, nueve países europeos acordaron usar cuatro símbolos pictóricos universales: bache, curva, intersección y paso a nivel.

Cuba adoptó gradualmente ese estándar durante las décadas de 1920 y 1930. No existe un registro exacto de la primera señal de "PARE" instalada en La Habana, pero documentos de la época muestran que hacia 1928 ya había carteles de advertencia. 

La mayoría eran importados de Estados Unidos, con leyendas en inglés o español.

El crecimiento del parque automotor forzó la creación de un marco legal. En 1917, María Calvo Nodarse, conocida como “La Macorina”, obtuvo la primera licencia de conducir para una mujer en Cuba. 

La Policía Nacional asumió funciones de control de tránsito en los años veinte. En 1943 se trajeron las primeras 20 motocicletas Harley Davinson para el cuerpo de tránsito, lo que profesionalizó la vigilancia y el cumplimiento de las normas viales. 

Hasta bien entrada la década de 1940 no existió un código de circulación unificado. Las normas se dictaban por bandos municipales y decretos de la policía.

Los tranvías tenían sus propias reglas, pues circulaban sobre rieles fijos. Se les exigía llevar campanas o silbatos para advertir su llegada a las esquinas. Los coches de caballos debían tener luces por la noche y frenos funcionales. 

Los automóviles, en cambio, eran los más libres pero también los más peligrosos. La velocidad máxima dentro de la ciudad se fijó en 20 kilómetros por hora en 1915, pero sin señales visibles, pocos respetaban ese límite.

La esquina de Prado y Neptuno no fue la única con señalización temprana. También se instalaron semáforos en las intersecciones de Galiano y San Rafael, así como en Carlos III y Belascoáin, y en la entrada del Parque Central. Estos primeros semáforos funcionaban con electricidad y tenían luces rojas y verdes. 

El amarillo o ámbar se incorporó varios años después, hacia 1940. Los conductores de tranvías, autos y coches de caballos tuvieron que aprender a obedecer. No fue fácil: hubo resistencia y muchos choques en las primeras semanas de uso. 

La prensa de la época, como el Diario de la Marina, reportaba accidentes diarios. Un artículo de 1931 señalaba que “las luces de Prado y Neptuno apenas han reducido los encontronazos, porque los cocheros las confunden con faroles de la Navidad”.

A pesar de las burlas, el sistema fue extendiéndose a otras zonas comerciales. En 1935 ya había más de treinta semáforos en La Habana, todos en el centro. Los barrios de El Cerro, Marianao y Guanabacoa seguían sin señalización. 

Los peatones también sufrieron la falta de señales. Los primeros pasos de cebra aparecieron recién en la década de 1940, pintados en el asfalto con cal blanca. Antes de eso, cruzar la calle era una aventura peligrosa. 

Las señales de “No girar” y “Una vía” llegaron más tarde, en los años cincuenta. Para entonces, La Habana tenía más de 50.000 automóviles circulando a diario. Los tranvías seguían siendo protagonistas, pero su red empezaba a decaer. 

Los coches de caballos ya eran una rareza, relegados a zonas turísticas.

En 1952, un censo municipal contabilizó 247 señales de tránsito verticales en la ciudad. De ellas, 82 eran de “PARE”, 64 de “Ceda el paso” y el resto de advertencia o información. Las señales eran esmaltadas sobre hierro, con fondo blanco y bordes rojos o negros. 

En 1958, un año antes de la Revolución, se instaló el primer semáforo con temporizador en la esquina de 23 y 12, en El Vedado. Mostraba una cuenta regresiva digital. Ese modelo fue muy admirado por los habaneros, que llamaban “el relojito” al semáforo.

Después de 1959, el sistema de tránsito no cambió mucho durante una década. La falta de mantenimiento dejó muchos semáforos apagados o con luces quemadas. 

En la década de 1970 se importaron nuevos semáforos de la Unión Soviética y Checoslovaquia. Esos modelos tenían un diseño más cuadrado y luces de mayor tamaño. 

Las señales verticales también se estandarizaron siguiendo normas soviéticas, lo que significó un cambio visual respecto a las antiguas señales estadounidenses. No fue hasta 1987 que se promulgó la Ley 109, el Código de Seguridad Vial de Cuba. Esa ley unificó todas las normas de tránsito y definió los tipos de señales oficiales. 

Hasta hoy, sigue siendo la base legal para el tráfico en todo el país.

Respondiendo a la pregunta central: las primeras señales fueron para todos los vehículos. No se diseñaron exclusivamente para coches de caballos, ni solo para tranvías ni solo para autos. 

Los semáforos y los agentes regulaban indistintamente a los tres tipos de tránsito. Pero los tranvías, por ir sobre rieles, tenían algunas señales propias muy tempranas. 

Por ejemplo, en 1905 ya existían carteles de “Pare al pasar el tranvía” en varias esquinas. Esos carteles eran de metal esmaltado y se colocaban en postes de madera. Para los coches de caballos, las señales de “Prohibido el estacionamiento” aparecieron en 1912. Y para los automóviles, la primera señal de “Velocidad máxima” se instaló en el Malecón en 1914. 

Así que cada tipo de vehículo tuvo su propia necesidad de señalización en momentos distintos. Pero el concepto moderno de señal de tránsito, como hoy lo conocemos, nació con los semáforos. Y esos semáforos llegaron a La Habana entre 1914 y 1930, en Prado y Neptuno.

La fecha más aceptada por los historiadores del transporte cubano es 1930. Ese año se instaló el primer semáforo de funcionamiento continuo y confiable. 

El de 1914 fue más un experimento que duró pocas semanas por fallas técnicas. En conclusión, las primeras señales efectivas y duraderas aparecieron en 1930, y fueron para ordenar la convivencia entre coches de caballos, tranvías y automóviles. 

La Habana demostró entonces ser una ciudad pionera en la regulación del tráfico en América. 

Hoy, al cruzar una esquina habanera y esperar que la luz cambie a verde, recuerde que ese semáforo es heredero de una larga historia de orden y caos. 

Una historia que comenzó hace casi un siglo, cuando policías con sombrillas de colores levantaban la mano para detener a los primeros autos y tranvías de la ciudad. 

Y así, entre caballos, rieles y motores, nació la señalización vial en La Habana.

https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2026/04/la-juderia-de-la-habana-republicana.html

Por Gina Picart

SST- JCDT 

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